springende Augen

100 Tage, damit meine Beine 42.195 km tanzen. Mein Wunschwalzer. Wofür ich normalerweise buchstäblich bis zur Erschöpfung probe und probe. Ich habe viel geübt. Die Choreographie ist beeindruckend. Ich trainiere den perfekten Tanz. Ich stehe immer früh auf, um Spaß zu haben. Für manche Menschen sehr schwer zu verstehen. Ich habe noch einen langen Weg vor mir, um dorthin zu gelangen, wo ich hingegangen bin. Ich sehe, wie ich eines Morgens im September aufwache, es eilig habe, zum Flughafen zu kommen, und mein Bauch schmerzt vor Aufregung. Der Pass, die Tickets, der Koffer, die Tennisschuhe, mein Sportoutfit … Ernst, sehr ernst. Das Lächeln verstecken, nicht absichtlich, meine Kabale, damit alles gut geht. Ich fange gerne an, die Intensität dieser sportlichen Abenteuer zu riechen. Ich atme und beruhige mich. Ich atme und sehe mich. Ich sehe mich an und lächle. Sehen Sie mich an diesem Tag. Der Tag des. Am Ausgang, vielleicht mit meinem inneren Monolog, der mir sagt, dass alles gut wird, dass es Zeit für Spaß ist. Ich sehe mich am Ziel angekommen. Da sehe ich mich am meisten. Ich spüre die Emotion, wenn ich die Ziellinie überquere … die letzten Kilometer einatme. Schnuppern Sie die letzten Meter. Spüre mein Herz in vollen Zügen. Nicht unterscheiden, ob es Müdigkeit oder Emotion ist. Fühle es einfach. Feuer in der Seele und in den müden Beinen spüren.

 

Ich sehe mich in einem bisher unbekannten Berlin genießen. Obwohl ich so viel darüber nachgedacht habe, ist es zu einem Ort geworden, an dem ich oft spazieren gehe. Es ist zu meiner Ruhestätte geworden. Mein Lieblingsplatz. Obwohl das Abenteuer vor einigen Jahren begann, verwüstete die Pandemie nicht nur Leben, sie verschob auch Träume oder machte sie sogar unmöglich. Dieser Traum schlief zwei Jahre lang. Ich dachte nicht, dass ich aufwachen könnte. Ich erinnere mich und es tut immer noch weh, die erste Absage, alle nach Hause, wir mussten uns selbst versorgen; die zweite, der Mangel an Impfstoffen. Das Ergebnis gleich. In der Vergangenheit kein Marathon vor der Tür. Er trainierte für einen Marathon, der nicht kommen würde. In der Gegenwart Marathon vor der Tür. Am Bradenburger Tor. Die Traumtür, nach ein paar Tagen.

 

 

Heute schon in der Stimmung zu warten, es zu leben, es zu berühren. Alles ist auf dem Weg. Ich gehe zu Ich kümmere mich um alle meine Sinne. Was ich höre, sehe und spreche. Ich kümmere mich um alles, was ich fühle. Es ist eine Voraussetzung für diese Vorbereitung. Kreise schließen. Öffnen Sie eine andere erforderlich. Vakuumenergie. Nur positive Energie. Positive Energie durch die Nase einatmen, negative Energie durch den Mund ausatmen. Kein Problem. Sie sind nicht erlaubt. Wenn dich etwas nicht glücklich macht, ist es an der Zeit, dich davon zu befreien. Lass es fallen Grenzen setzen. Manchmal ist es gar nicht so einfach zu merken, wenn etwas mit seinem Leben nicht stimmt. Viel Hektik im Leben. Training ist eine Zeit, um es zu erkennen. Dopamin und Serotonin maximal. Mit dem Wunsch, Dinge zu tun und mit dem Willen zu leben. Befreien Sie sich von Lastern, giftigen Menschen, unangenehmen Momenten, lästigen Antworten, wachsamen Augen, unangemessenen Gerüchten. Von Menschen, die dich an dir zweifeln lassen.

 

Die Beine haben gekämpft, die Ernährung ist geregelt, der Schlaf ist zeitlich und qualitativ anspruchsvoller. Die Trainingseinheiten waren wilde Herausforderungen, wenn man bedenkt, dass das Leben eines Athleten eine weitere Rolle ist, die täglich gespielt wird. Wenn ich ans Laufen denke, strahlen meine Augen, vor ein paar Monaten sagten sie mir: „Ich wünschte, deine Augen würden für ‚was auch immer‘ strahlen, genauso wie sie fürs Laufen strahlen.“ Ich wusste nicht, dass ich beim Laufen dieses Licht ausstrahlte, dieses Feuer, diese Augen. Und ja, ich denke an diesen Tag (am hundertsten Tag), meine Augen verwandeln sich, die Linien werden stilisiert, ich verliere anatomische Details, sie mutieren zu runden Formen, mit langen oberen und unteren Wimpern, mit Tiefe, mit Reflexen; ja meine augen leuchten. Wenn sie leuchten, verwandeln sie sich. Ich schaue in den Spiegel und habe Angst, ja, sie hatten Recht, es ist offensichtlich, meine Augen sind im avantgardistischen Anime-Kunststil. All das redet nur übers Laufen. Stellen Sie sich vor, wenn ich renne !!!

 

Olor en el dolor…

A qué huele el dolor, me preguntaba ayer, primero pensé que la respuesta sería a todo lo que no nos gusta, a esa comida que te obligaban a comer de pequeño, so pretexto a que debíamos aprender a comer de todo. A esos exámenes sorpresa que te hacían y que no te iba bien. A cambiarte de escuela y dejar a tus mejores amigos. A los recuerdos malos que hemos asiduamente acumulado en las espaldas. A las despedidas que se han tenido en la vida. A la muerte de tu ser querido, viene a mi mente la muerte que más me ha eclipsado, inmediatamente mi padre. Busco el olor que me produjo su partida. No encuentro en mi mente olores. No recuerdo haber tenido alguno. No hubo. No hay. No recuerdo desde cuando comencé a dejar de oler: cuando enfermó, cuando partió, cuando tuve que aprender a vivir sin él. El olor fue apareciendo poco a poco. Sin darme cuenta regresó, posiblemente el dolor iba cediendo, volví a ser sabuesa. Con olfato inquieto y suspicaz.

El dolor no huele, lo sé, eso desespera al más paciente. Impotencia. Como vendarte los ojos sabiendo que hay muchas cosas por ver. A pesar de ello vendarte. Así el dolor, no te permite oler, a mi no me permite oler. El dolor tiene además, ausencia de color.

Muchos dirán sí huelo en el duelo. Lo que les diría es que muchos olemos, pero no el dolor, sino la nostalgia. La nostalgia es un olor hermoso; se vuelven a vivir “esos momentos”, los momentos cuando no había dolor, posiblemente no te imaginabas que llegaría. El dolor llega sin avisar. De imprevisto. El olor que se advierte en la nostalgia es el que hueles cuando eres feliz. Todos los olores combinados en alegría. Felicidad absoluta vertido en el perfume que más te gusta. Pero cuando ya no los hay, hueles ese recuerdo. Al principio es una salida fácil como droga; por un lado, tu mente del pasado te dice lo que fue y te engaña para que te confundas que ese que alguna vez fue tu presente, hoy tu pasado, se pueda posesionar del momento que hoy es doloroso; por otro lado, la del presente, la dolorosa, la que arde, la que te dice que lo que hoy tienes ya no es lo que tuviste. El dolor que te avisa que lo que hoy tienes ya no es suficiente. Esa ausencia que duele es la que no tiene olor.

El dolor duele porque sabiendo que viviste la felicidad, hoy ya no se tiene. O al menos ya no la ves. La llegarás a ver de nuevo pero pasarán muchas enseñanzas por aprender. Hay también que encontrarla. Sincronía de los sentidos que se encuentran en alerta. Confundidos. Hay que volver a armonizarlos. Tiempo debe de pasar. Pero llegará.

La anosmia es señal que hay vacío. Dolor. Tanto el tiempo como los olores se congelan. Entiendo ahora que por eso en los funerales se dan flores. Tratas de despertar en el doliente su capacidad de volver oler con flores que se entregan como símbolo de solemnidad, de un “estamos contigo”; las flores sustituyen el olor ausente con la felicidad que causa a la vista recibir flores.

El dolor no huele solo duele y duele mucho. Apachurra el corazón. Regresar a la nostalgia es alentador huele a todos los olores que has amado en tu vida y que te marcaron. Eres un producto de esos olores. Regresar de la nostalgia y enfrentarse al dolor es un golpe bajo de la vida. Pero es. Nadie nos libramos de eso.

El dolor, si tuviera que oler a algo, posiblemente sería a crisantemos, a lirios, a rosas, a claveles, a alcatraces y lycoris. La vista lo agradece y se conmueve. El olfato, debe de intentar olerlas. Disfrutarlas. El olfato, debe esforzarse en olerlas.

“Hot sale”… Promoción exclusiva.

Comienzo mi segunda semana de entrenamiento. Las piernas bien. Me sorprendo con lo que dice mi reloj. Al parecer, estoy en óptimas condiciones para entrenar, “Pico de forma”, dice el Garmin. Me siento bien, aunque en breve, sé que comenzaré a sentir más cansancio. Si recuerdo bien, ese cansancio comenzará en la semana ocho de dieciocho. El cuerpo comienza a reclamar. A pedir a gritos descansos. Pero logra sin paralizarse seguir entrenando. Entiende que no es el momento para descansar. El límite del sobre-entrenamiento es a lo que jugamos para mejorar. Una delgada línea que hay que cuidar para llegar con plenitud al maratón. Así en la vida, ese límite superado te hace crecer.

Mi hermano se ha sumado a mis entrenamientos. Siempre compartiendo locuras. Yo comencé a correr por él. Somos vecinos. Corremos en la colonia, nos vamos apoyando con las pisadas, con los espacios de hidratación, con el ritmo, con el ánimo, con la sonrisa. Cuidándonos de los vehículos, a veces aún la gente no tiene la cultura de manejar con el cuidado debido; menos aun de ver a unos corredores en la madrugada, sin luz. Entre los dos no hay quejas, solo ánimo. Eso ayuda a ver solo hacia la meta; no recular en el camino, al objetivo, Berlín. De premio después de correr, me digo, un café con mi madre; si el tiempo me da la oportunidad, una charla de unos cuantos minutos; siempre son insuficientes. Decimos, “te cuento algo rápido”, después, lo mismo, ya no nos para la boca. Comemos palabras por los oídos y desprendemos otras por la boca, somos voraces de saber de nosotras; con una rapidez como pocas veces logro hacer las cosas. Soy lenta, pausada; con mi madre y sus pláticas, me vuelvo otra, me motiva. Ponernos al día; entre respiro y respiro, un sorbo de café, recién hecho; café hecho por mi hermano. En estos tiempos de entreno, se me ocurre que puedo robarle al tiempo un poco de respiro, estar más tiempo con los míos; son cosas que hago o al menos intento. Estos momentos con mi madre los guardo en mi mente. Me desdoblo para vivir el presente y a la vez, guardar en una compuerta del mundo de los recuerdos los momentos que quiero inmortalizar. Entrenar despeja la mente. Lo que antes era un problema, ahora lo sigue siendo, no es magia; los problemas no desaparecen; pero puedes ver a lo lejos la alternativa de solución. Abre dimensiones. Encuentras en la oscuridad la luz, esa que te conduce irremediablemente a la salida. A la salida correcta.

Ayer me contaron un chiste que no voy a repetir, soy mala con los chistes, no tengo gracia. Pero me sigo acordando del chiste; hoy mientras manejaba me iba riendo. Cada vez más fuerte. Sería tan bueno el chiste o el chiste no viene solo, sino que recuerdas justo el momento en que te lo contaron, recuerdas cómo lo hicieron, quién te lo contó, en dónde estaban, qué platicaban previo a, el sonido de la risa, de las carcajadas; los músculos de la cara distorsionada por la alegría, por esa libertad de sentirse feliz. Además, la estampa de ese momento; puedo, incluso si cierro los ojos, verme riendo, hasta con dolor de panza; no puedo poner pausa a la fiesta que me he creado. Hoy mientras estaba en un embotellamiento, muchos choques delante de mí, al menos cuatro, iba con la música a volumen cantador; iba riéndome del chiste. Traté de contarlo en la oficina y no pude, solo de recordarlo ya me estaban saliendo unas lágrimas de risa. Hay botones de felicidad, no lo sabía. Están ahí pero siempre debes de encontrar la fórmula para acceder a ellos. Este chiste fue un botón que no sabía que tenía; de pronto, se pulsó.

La vida es un chiste; hay que saber entenderla para contarla y transmitirla de la manera más divertida. Si no se puede transmitir, al menos saber qué es divertida. No es que nos cause gracia todo; no es dejar de ver en la vida la seriedad que representa. Es encontrar en las situaciones, el ápice escondido que nos hace vislumbrar, aunque sea de una manera borrosa, que hay algo que vale la pena, para todos los sentimientos, incluso para la furia, desagrado, miedo y tristeza. A veces uno tiene una vista perfecta, no hay dioptrías que te impidan ver; otros necesitan ayuda, no lo saben, requieren artilugios para que su vista fije la imagen; otros ya fuimos al oftalmólogo, nos diagnosticaron vista cansada; la solución sugerida, lentes adecuados para ver de cerquita. Por eso, considero que, puedo entender tan bien los chistes. Mis lentes son especiales para retener estampas y entender chistes que nadie entiende más que yo, ¿Serán malos los chistes? Posiblemente… Aunque no creo, me hacen llorar de risa. Hoy con mis lentes nuevos, ya veo de cerquita los chistes; me he descubierto con vista de águila, con mueca de boba feliz. Mis lentes; mi sonrisa; mis estampas; mis recuerdos; mis mejores adquisiones, han sido promoción exclusiva; tan exclusiva que no entran en la oferta del momento… en la oferta “hot sale”.

A por ello…

Ayer Sexto día de entrenamiento, hoy descanso… mi primer semana que acaba… distancia larga en pendientes. Mis piernas bien. Primeras vueltas con subidas y bajadas. Pensé no lograrlo. 12.5K bien y sonriente. Salí de viaje. Entreno fuera de casa. Otra experiencia. No dormir en casa propia puede ser malo. Decidí que no lo fuera. Gran experiencia. Corrí entre varios runners y ciclistas. Todos teníamos nuestro objetivo. Todos somos corteses. Todos terminamos felices. Nos sonreímos. Nos despedimos. Sabemos que lo logramos. Una desmañanada más que disfrutamos. Somos aves madrugadoras. Nos gusta. Cómplices sin conocernos.

Cruzar la mirada y reconocernos. Muchos en grupo, en duplas. Pocos solitarios. Me gustan mucho los corredores solitarios.

Desayuné en un lugar que no iba hace 4 ó 5 años. Mejor que antes. Nuevos recuerdos. Hoy me preguntaba, cómo se pueden hacer nuevos recuerdos sobre algo antiguo; algo que se recordaba y se recordaba muy bello. Puede mejorarse el recuerdo?… sí, si se puede. Se consiguió. Todo estaba en su sitio. Pero había algo diferente. Posiblemente yo. Yo soy la diferencia. El diferenciador que suma. Mucho tiempo fui resta. Hoy soy el signo de “+”. Me gusta. Me gusto.

Recordaba la mesa en la que había estado sentada hace unos años. Vi ese espacio vacío. La ubicación que me dieron fue mejor. Insuperable. Los alimentos calmaron cualquier cansancio de piernas. La plática colmó cualquier silencio incómodo. Nada inquietaba mi mente. Después caminé. Caminé mucho. Cascadas… Manantiales… Tierra mojada. Piedras sueltas. Agua… mucha agua. Descanso de piernas con otro ejercicio. Descanso del alma con respiración y ese olor a la aventura. A la sorpresa de conocer lugares hermosos. De conocerme mejor. Superar mis límites.

Día para enmarcar y poner en el buró junto a mi cama. Nada fue planeado; todo salió mejor. El ejercicio me hace ver otros colores. Ya no los primarios. Combinaciones de rosa mexicano con verde limón. Así mis ojos. Un tercer ojo ha surgido. Ya huelo la aventura. Saboreo la tierra mojada. Escucho las sonrisas y toco la tranquilidad. Me gusta lo que soy. Me gusta hacer equipo. Disfruto este entrenamiento. A esta que soy. A esta que soy en este viaje de reconocimiento.

Mis perras me acompañan, sus primeras vacaciones. También nos reconocemos. La que es tímida resultó la valiente. La que me cuida resultó más endeble. Seguimos adaptándonos. Nos queremos más.

La idea era dudosa, viajar, pero por primera vez se me hizo fácil intentarlo. Eso se volverá costumbre. Hábito, como escribir.

Mis ojos están puestos en un “gomero plateado de montaña”, me digo, estará sembrado en mi nueva casa. Después de esto, sin dudarlo, quiero una casa con jardín. Mi nuevo hogar. Mi casa. Ya me ví… jardín, casa, perros, escritura, café y Tú. Quiero viajar ligero… a hacer maletas, me digo! “Por mi eucalipto plateado”… A por ello… por nuevas aventuras, también.

Contraseña segura…

Te abrazo en la distancia. De esa que hay en la sombra. De la que no se regresa.

Jugamos a estirar hasta que la liga no pudo más. Me pregunto, cuándo se sabe que ya no hay más? Cuando el dolor se transforma. Sabes que duele pero ya no hay lágrimas. Las lágrimas curan, sin ellas ya no hay recuperación. No hay cura, no porque pueda arreglarse, porque ya no se puede conciliar. Enfermedad sin medicina. Un mal que no conoce tranquilidad. Un mal que se queda. Permanente en el tiempo.

Sólida, muy lastimada. No hay retorno cuando hay tanto dolor. Inventado o real. Lo hay. Hay mucho dolor.

El laberinto para salir se ha complicado. Si logro salir, me digo; mis pasos serán con dos pisadas, una sombra, dos brazos. Me abrazo a la soledad. Me gusta. Nunca dos. Nueva aventura. No hay invitados. Fiesta privada con contraseña inviolable. El hacker se sorprende, intenta entrar pero nadie puede vulnerar la seguridad impuesta. Impuesta por mí para protegerme de mí.

Apuesta al 33…

Hace unos días, desayuno de mujeres. Las más importantes de mi vida. Las que mueven mi mundo. La plática es sincera, reconfortante, catártica. Ver a la mayor de estas mujeres que siempre me acompaña y saber que aunque nosotras creemos que la cuidamos, ella sigue siendo la más fuerte de la manada. Sus consejos son sabios. Por eso le dieron ese papel, de líder.

Lugar delicioso; saliendo, caminata en parque lleno de colores, vida, corredores, vendedores, perros. “Parque México”, se llama. Perros felices corriendo en lugar especial para socializar. Me gustó. Mi nuevo lugar favorito. Lejos de casa. Muy lejos. Me gustan estos rumbos. Me falta conocer tanto.

Voy a comenzar a desplanear… a hacer cosas sin pensar… a desaprender lo que he sido.

Este día eso ha sido. Un eterno jugar a lo que no he sido y quiero ser. Me imagino sentada escribiendo, leyendo. Con un café. Viendo gente pasar. Imaginar su vida. Acariciar perros.

Cansada de aprender y aprender… busco redirigir mis pasos, todo va a cambiar… Desaprender a ser yo. Esa es mi nueva meta. Sonreír; nada más que eso. Jugar a ganar… jugar a ser feliz… ese juego estoy segura que no lo puedo perder. “Hagan juego”, se oye en la mesa… “Apuesto todas mis fichas al número 33!”, digo… Que si estoy segura?, pregunta el crupier…Sí!, lo apuesto todo. “No va más”… se cierran apuestas y el crupier anuncia el número ganador… sin duda, cierta estoy… será el 33.

La Teoría del Pozole…

Me comenta un amigo querido que desde que se fue su mami no han comido su plato favorito. Él quisiera degustarlo de nuevo, porque cada cucharada lo haría recordarla, solían compartir esos momentos de antojo en ocasiones especiales, sería como tenerla presente, regresar el tiempo, ver la estampa de cuando ella estaba, las risas, la voz; su padre, por otro lado, no quiere, para él ese platillo ha dejado de existir; comió todo lo que debió de comer cuando su compañera de vida estaba con ellos. Me dice angustiado e insistente que su papi no accede. No sabe cómo convencerlo.

No sé bien qué decir en esos momentos… soy torpe para apapachar a las personas en la muerte, nunca hay palabras… pero le digo… Para lo que uno es necesario para recordar y honrar; para el otro no necesariamente lo es, puede ser hasta doloroso e impensable. El duelo se saborea de formas distintas, pero debe incluso gozarse, porque es parte de la sanación, los tiempos de purificación y recuperación, también varían para cada persona. Esto no te lo he contado amigo, aprovecho para hacerlo; Hace muchos años, mi madre escuchaba música en la sala con mi padre, recuerdo que cuando estudiaba hasta en mi cuarto se escuchaban los discos de María Dolores Pradera, los Tres Ases, Los Panchos, Julio Jaramillo, Armando Manzanero, Los Tecolines, Luis Arcaraz y su Orquesta, Agustín Lara, Los Tres Caballeros, Chavela Vargas y el Dueto Caleta… recuerdo tanto: La Flor de la Canela, Toda una Vida, Acapulqueña, Por los caminos del Sur, Toro Rabón, San Marqueña, Gema, La Gloria eres tú, Tres Regalos, Ódiame, Bésame mucho, Contigo, Bonita, Piel Canela, Tú me acostumbraste, Sin ti, El Reloj, Poquita Fe, Somos Novios, Cancionera, Usted, Perfume de Gardenias, Cien años, Un siglo de ausencia…

A veces te confieso, me sorprendo con los audífonos mientras trabajo, escuchando esa música que antes me era indiferente o hasta molesta. Hoy me llevan a viajar a mi adolescencia en un fin de semana, no importa la época del año, ni el clima; yo en mi cuarto sola, de seguro estudiando, tratando de concentrarme; entre la música se escuchaba que esos dos enamorados no paraban de platicar y reír; mientras mi madre cocinaba, mi padre ponía música y le preparaba un coctel que disfrutaban como una pareja envidiable que siempre fueron, ¡dejaron la vara muy alta con su ejemplo!; Mi madre, por su parte, no volvió a poner esos discos ni a sentarse en esa sala, cual antaño. Nadie se lo ha pedido, nadie la ha forzado a hacerlo, nadie se atreve y es parte de su duelo, de su pérdida eterna. El mío, posiblemente, es escuchar toda esa música cuando estoy muy presionada, esas notas de guitarra me devuelven a mis raíces, a lo que soy, a lo que me convertí; te cuento un secreto, me sorprendo sonriendo; a veces, muchas veces, con una lágrima de felicidad, por lo vivido. Hoy me sé toda esa música que mucha gente de mi edad no conoce. ¿qué te digo amigo que no sepas ya? El dolor es fuerte… el olvido nunca llega… Ven… Te invito un pozole…, vamos sin que sepa tu padre… disfrutamos y celebremos con ese manjar a tu mami. ¿un blanco, verde o rojo?… Yo, como buena hija de guerrerense, uno verde por favor, con todo.**

*Dedicado a ti querido RCG y familia, siempre en mis oraciones…

** Mientras escribo… escucho y tarareo: “Por los Caminos del Sur”/Dueto Caleta. Compositor. Agustín Ramírez… La preferida de mi padre.

Buongiorno principessa!!!*

Correr siempre ha sido mi despertar; mi nueva oportunidad para hacer mejor las cosas; no importa qué suceda en mi vida, correr se ha convertido en mi ancla, en mi tierra firme. Salgo temprano cuando aún hay oscuridad; te cuidas de los coches, perros, gatos, de todo lo que esté a tu paso, muchas veces te cuidas de las personas. 

Génesis… Cuando comencé a correr, hace ya unos veinticinco años, emprendí mi nuevo hobby siendo corredora taciturna, quiero defender mi mutismo en que iba concentrada en mis primeros pasos, pero ese silencio se extendió algunos años, muchos años, en realidad; se convirtió en un hábito, correr en silencio, corredora silenciosa; decidí, bajo ese pretexto “no molestar a nadie”, quedarme con la boca bien cerrada, solo corriendo. El único ruido, mis pisadas. Las hojas que pisaba. Los colores de las hojas iban cambiando de tonalidad con el tiempo.

Crisis… Poco a poco comencé a hablar, era una voz tímida, apagada, casi imperceptible, de un “buenos días”, posiblemente con la mirada hacia abajo, sin voltearlos a ver; sorprendida estuve en que la mayor de las veces no había respuesta; me preguntaba ¿porque la gente no contesta a un saludo?, pensaba; a mí que me cuesta tanto trabajo hablar con los extraños; ellos pareciera, que trataban de desmotivarme a seguir intentándolo; incluso contaba algunas veces a las personas que no contestaban a mi tímido saludo; 8 de 13; 5 de 10; 9 de 11 y así, el porcentaje no era alentador. Pensaba que si a mí me saludaran, jamás podría no contestar; “educación”, me decía, yo misma me recriminaba mi saludo… Parte de mi concentración en el entrenamiento se escapaba en mis buenos días y la nula respuesta. Mi eterna reflexión. Yo era el juez y parte; condenaba, sin dudarlo, la falta de educación de los que se cruzaban a mi paso.

Evolución… Llevo pocos días que comencé a correr en la calle, entre vecinos, conocidos; los de siempre, de hace años, con los que crecí, muchos nuevos, demasiados desconocidos; sigo saliendo en la oscuridad; mientras ya he dado unas cuantas vueltas a la colonia, comienzo a oler el despertar de los vecinos; alguien cocina rico en 3 casas; huele a chilaquiles, huevo, carne asada, tortillas quemadas (amo ese olor!), es el olor de la felicidad; en otras casas comienza a repuntar el olor a café, café fuerte y con cuerpo; en algunas otras despuntas risas y voces; salen niños con los papás con prisa rumbo a la escuela, se les hace tarde… en muchas; mujeres arregladas, preciosas, listas y concentradas para iniciar sus actividades (o continuarlas); hombres en traje, de seguro rumbo a una junta; gente caminando; personas que comienzan a salir con sus perros ansiosos; pues bien, retomé el “buenos días”, hoy ya con audífonos con un alto volumen, para ir escuchando mi respiración en el entrenamiento; voy repartiendo “buenos días”, solo controlando el volumen de mi voz para no espantar; ahora lo hago sin esperar respuesta alguna. Ya no me importa si reaccionan con mi saludo, solo intento, en verdad no espantarlos. Algo que hace tiempo me era importante, hoy ya no lo es. Hoy digo “buenos días” por querer decirlo. Es un regalo que se da, no a ellos; no al otro; es un regalo a nosotros; la evidencia de que estamos vivos, sanos, haciendo algo que nos apasiona, “correr”; con voz, vista, sonriendo, todo funcional; con ganas de regalarnos y regalarles, ¿a quién?, a quien se deje dar-recibir, esa oportunidad de vida; la oportunidad del buen deseo; el “Buen día”, que no se le niega a nadie; como el agua, el pan o una sonrisa. Un acto de envolver “la energía de las buenas intenciones”, meterla en una cajita pequeña, de preferencia elegante, pequeña, muy pequeña, incluirle la frase de “¡cuidado: frágil”!, delicado; envuelto con un moño color rojo de terciopelo, y así de “cute”regalarla.

¿Será que evolucioné? ¿será que me cansé de preguntarme todo? ¿será que ya no me importa nada que no encuentre una explicación? ¿será que algunos vecinos están sordos? ¿será que están de malas? ¿será que no han tomado café? ¿será que tienen problemas y efectivamente no es un buen día? ¿será que les sorprende un saludo de una desconocida? ¿Será que es muy temprano para socializar? Será lo que sea, es lo que es; muchas posibilidades, pero sé de cierto que este “buenos días” que antes me preocupaba tanto, hoy solo me ocupa; hoy me nace, solo me nace; es de mí para mí y de mí para quien lo quiera recibir o incluso replicar… me digo entonces… ¡Buongiorno Principessa*… la Vie est Belle!**

**Nota. Tan mágico puede ser el buenos días, como el limpiar los ojos con esa película.

*Buongiorno teoría

*Guten Morgen Theorie

*Teoria del bon dia

*Bonjour théorie

*Teoric dea-maidin

*Good morgen teori

**La vida es Bella/ 1997/ Roberto Benigni.