Corazón de perro ❤️+🦮🦮🦮

Un martes de entreno salvaje. Bien logrado. Comienzo a tener más hambre de la normal. La saciedad se irá modulando conforme se intensifican las semanas. Uno va aprendiendo a escuchar a su cuerpo. También indica el cuerpo cuándo debes de comer, cuánto y con qué alimentos te sientes mejor. Es la mejor forma de nutrirte: prueba-error. Vas sabiendo qué alimentos te hacen mejor que otros. Sin perder de vista que la proteína es esencial, la fruta, verdura. Regresas a lo primario, no condimentado, sin grasa… a lo natural. Parece no divertido, pero cuando te das cuenta que eso potencializa tu cuerpo, sí que lo es; agradeces comer sano. Hidratarte. Piensas mejor. Uno va aprendiendo que los alimentos se vuelven tus aliados, solo si eso es lo que quieres. Otra forma de aprender a conocerte… a reconocerte.

Hace dos años se fue mi compañera peluda que me acompañó por casi tres lustros. Un 31 de mayo, mientras yo trabajaba un domingo; ella me miraba fijamente, como siempre. Me hipnotizaba con su mirada. Su camita, recuerdo, siempre trataba de que estuviera a unos pasos de mí, todo el tiempo pegada; sobreviviente de cáncer en dos ocasiones, amante de las pelotas, sobre todo en movimiento; bien pudo ser la perra “pichichi”; una pelota y todo para ella era una fiesta; nos solíamos salir al patio a jugar, debía delimitar el tiempo porque ella nunca se cansaba. Tenía su agua, un gran tambo de agua; cuando quería tomar tiempo de descanso, le fascinaba meter su pelota y enjuagarla; metía toda la cabeza para refrescarse y sus cojinetes también los refrescaba, una labradora nadadora; fue esterilizada y eso hizo que engordara, por lo que debía cuidar con esmero sus articulaciones. Su peso no era un impedimento para seguir jugando. Cuando estaba cansada, tomaba una de sus pelotas y la escondía, la abrazaba como “Teddy Bear”. Sé que soñaba en un cielo de pelotas en movimientos, hasta en sueños veía que sus patitas hermosas se movían. Nunca paraba de jugar. Mi hermosa perra pachona no dejó nunca de divertirse, parte de su diversión era quererme. Sin duda yo la amaba. La amo. En el amor no hay línea de vida. El amor es perenne.

La pandemia si bien ha sido devastadora, dolorosa; para este ser hermoso “Nicky”, fue una oportunidad para tenerme a su disposición todo el día. No sabía que había pasado, yo ya no me ausentaba para ir a trabajar, todos los días eran fines de semana, sus momentos más felices; no imaginaba que a tan solo unos meses del “encierro apocalíptico” iban a ser nuestros últimos momentos juntas; estoy segura haberla disfrutado lo más que se pudo; lo más que el tiempo me permitió. Acomodaba siempre su carita hermosa en una posición en que podía observarme, vigilarme. Yo la vi, seguí trabajando; de pronto sentí que algo pasaba con ella, comencé a hacer ruidos; me dije, está muy cansada, sigue dormida; no podía aceptar su partida, seguí hablando con ella. Sospechaba que no me escuchaba, me decía shhh!!!!duerme; no quería dejar de hablar. En el momento en que dejara de hablar, ese monólogo que solía tener con ella, entonces estaba reconociendo su inminente muerte. ¿Qué fácil es no apegarse a la realidad? Una vía rápida… fácil; difícil retomar el camino de la ausencia, el de la ruda realidad, el del rompecabezas incompleto. Llegó su veterinario; ese que la había salvado de varios achaques, aventuras, infecciones: un infarto fulminante, me dijo; no se hubiera podido hacer nada; con esas palabras mal logradas intentaba colmar mi llanto. Era su momento de descansar, insistía. ¿momento de descansar?, yo me decía… ¿cuándo es ese momento?

Comprendes, entonces; ese momento solo “es”; nadie opina, no hay democracia, no hay votaciones; solo es y en consecuencia hay que aceptarlo. ¿qué el tiempo lo cura todo?, no es cierto; te ayuda solamente a aceptar la ausencia. El hueco sigue y seguirá, el tiempo no completa la ficha que falta; solo se aprende a ver la ausencia como algo que fue y ya no es; no será, nunca más; recuerdas, entonces lo bello que fue coincidir. Hoy tienes nuevas peludas; a todas las amas; todas con un amor infinito y diferente. Hoy rememoro a mi peluda futbolista; desde temprano te llevo tan presente y en tu honor Tina, Palomita y yo salimos hoy a pasear en la mañana; mientras paseábamos les platicaba de ti, de nuestras aventuras juntas. De que no solo tengo mis corazón de perro repartido en dos, sino en tres… mi corazón está ocupado por ellas; y no tengo ojos para ninguna orejona más que para ellas. Les digo; entonces, paran sus orejas, mueven las colas, se acercan, me llenan de pelitos y parece que me entienden; si tuvieran brazos sé que nos daríamos el abrazo más apachurrado que pudiéramos darnos; acaba ese momento con dos perras boca arriba con la panza al descubierto esperando su masaje, caricias; lo exigen, me encanta; pelean entre ellas por ver quién es la más consentida de las dos… las dos lo son; me divierte que ellas crean que tengo preferencia por alguna. No saben que mi corazón de condominio perruno es de ellas. Solo de ellas. Condominio vertical. No horizontal. Con tres departamentos llenos de pelos.

“Hot sale”… Promoción exclusiva.

Comienzo mi segunda semana de entrenamiento. Las piernas bien. Me sorprendo con lo que dice mi reloj. Al parecer, estoy en óptimas condiciones para entrenar, “Pico de forma”, dice el Garmin. Me siento bien, aunque en breve, sé que comenzaré a sentir más cansancio. Si recuerdo bien, ese cansancio comenzará en la semana ocho de dieciocho. El cuerpo comienza a reclamar. A pedir a gritos descansos. Pero logra sin paralizarse seguir entrenando. Entiende que no es el momento para descansar. El límite del sobre-entrenamiento es a lo que jugamos para mejorar. Una delgada línea que hay que cuidar para llegar con plenitud al maratón. Así en la vida, ese límite superado te hace crecer.

Mi hermano se ha sumado a mis entrenamientos. Siempre compartiendo locuras. Yo comencé a correr por él. Somos vecinos. Corremos en la colonia, nos vamos apoyando con las pisadas, con los espacios de hidratación, con el ritmo, con el ánimo, con la sonrisa. Cuidándonos de los vehículos, a veces aún la gente no tiene la cultura de manejar con el cuidado debido; menos aun de ver a unos corredores en la madrugada, sin luz. Entre los dos no hay quejas, solo ánimo. Eso ayuda a ver solo hacia la meta; no recular en el camino, al objetivo, Berlín. De premio después de correr, me digo, un café con mi madre; si el tiempo me da la oportunidad, una charla de unos cuantos minutos; siempre son insuficientes. Decimos, “te cuento algo rápido”, después, lo mismo, ya no nos para la boca. Comemos palabras por los oídos y desprendemos otras por la boca, somos voraces de saber de nosotras; con una rapidez como pocas veces logro hacer las cosas. Soy lenta, pausada; con mi madre y sus pláticas, me vuelvo otra, me motiva. Ponernos al día; entre respiro y respiro, un sorbo de café, recién hecho; café hecho por mi hermano. En estos tiempos de entreno, se me ocurre que puedo robarle al tiempo un poco de respiro, estar más tiempo con los míos; son cosas que hago o al menos intento. Estos momentos con mi madre los guardo en mi mente. Me desdoblo para vivir el presente y a la vez, guardar en una compuerta del mundo de los recuerdos los momentos que quiero inmortalizar. Entrenar despeja la mente. Lo que antes era un problema, ahora lo sigue siendo, no es magia; los problemas no desaparecen; pero puedes ver a lo lejos la alternativa de solución. Abre dimensiones. Encuentras en la oscuridad la luz, esa que te conduce irremediablemente a la salida. A la salida correcta.

Ayer me contaron un chiste que no voy a repetir, soy mala con los chistes, no tengo gracia. Pero me sigo acordando del chiste; hoy mientras manejaba me iba riendo. Cada vez más fuerte. Sería tan bueno el chiste o el chiste no viene solo, sino que recuerdas justo el momento en que te lo contaron, recuerdas cómo lo hicieron, quién te lo contó, en dónde estaban, qué platicaban previo a, el sonido de la risa, de las carcajadas; los músculos de la cara distorsionada por la alegría, por esa libertad de sentirse feliz. Además, la estampa de ese momento; puedo, incluso si cierro los ojos, verme riendo, hasta con dolor de panza; no puedo poner pausa a la fiesta que me he creado. Hoy mientras estaba en un embotellamiento, muchos choques delante de mí, al menos cuatro, iba con la música a volumen cantador; iba riéndome del chiste. Traté de contarlo en la oficina y no pude, solo de recordarlo ya me estaban saliendo unas lágrimas de risa. Hay botones de felicidad, no lo sabía. Están ahí pero siempre debes de encontrar la fórmula para acceder a ellos. Este chiste fue un botón que no sabía que tenía; de pronto, se pulsó.

La vida es un chiste; hay que saber entenderla para contarla y transmitirla de la manera más divertida. Si no se puede transmitir, al menos saber qué es divertida. No es que nos cause gracia todo; no es dejar de ver en la vida la seriedad que representa. Es encontrar en las situaciones, el ápice escondido que nos hace vislumbrar, aunque sea de una manera borrosa, que hay algo que vale la pena, para todos los sentimientos, incluso para la furia, desagrado, miedo y tristeza. A veces uno tiene una vista perfecta, no hay dioptrías que te impidan ver; otros necesitan ayuda, no lo saben, requieren artilugios para que su vista fije la imagen; otros ya fuimos al oftalmólogo, nos diagnosticaron vista cansada; la solución sugerida, lentes adecuados para ver de cerquita. Por eso, considero que, puedo entender tan bien los chistes. Mis lentes son especiales para retener estampas y entender chistes que nadie entiende más que yo, ¿Serán malos los chistes? Posiblemente… Aunque no creo, me hacen llorar de risa. Hoy con mis lentes nuevos, ya veo de cerquita los chistes; me he descubierto con vista de águila, con mueca de boba feliz. Mis lentes; mi sonrisa; mis estampas; mis recuerdos; mis mejores adquisiones, han sido promoción exclusiva; tan exclusiva que no entran en la oferta del momento… en la oferta “hot sale”.

A por ello…

Ayer Sexto día de entrenamiento, hoy descanso… mi primer semana que acaba… distancia larga en pendientes. Mis piernas bien. Primeras vueltas con subidas y bajadas. Pensé no lograrlo. 12.5K bien y sonriente. Salí de viaje. Entreno fuera de casa. Otra experiencia. No dormir en casa propia puede ser malo. Decidí que no lo fuera. Gran experiencia. Corrí entre varios runners y ciclistas. Todos teníamos nuestro objetivo. Todos somos corteses. Todos terminamos felices. Nos sonreímos. Nos despedimos. Sabemos que lo logramos. Una desmañanada más que disfrutamos. Somos aves madrugadoras. Nos gusta. Cómplices sin conocernos.

Cruzar la mirada y reconocernos. Muchos en grupo, en duplas. Pocos solitarios. Me gustan mucho los corredores solitarios.

Desayuné en un lugar que no iba hace 4 ó 5 años. Mejor que antes. Nuevos recuerdos. Hoy me preguntaba, cómo se pueden hacer nuevos recuerdos sobre algo antiguo; algo que se recordaba y se recordaba muy bello. Puede mejorarse el recuerdo?… sí, si se puede. Se consiguió. Todo estaba en su sitio. Pero había algo diferente. Posiblemente yo. Yo soy la diferencia. El diferenciador que suma. Mucho tiempo fui resta. Hoy soy el signo de “+”. Me gusta. Me gusto.

Recordaba la mesa en la que había estado sentada hace unos años. Vi ese espacio vacío. La ubicación que me dieron fue mejor. Insuperable. Los alimentos calmaron cualquier cansancio de piernas. La plática colmó cualquier silencio incómodo. Nada inquietaba mi mente. Después caminé. Caminé mucho. Cascadas… Manantiales… Tierra mojada. Piedras sueltas. Agua… mucha agua. Descanso de piernas con otro ejercicio. Descanso del alma con respiración y ese olor a la aventura. A la sorpresa de conocer lugares hermosos. De conocerme mejor. Superar mis límites.

Día para enmarcar y poner en el buró junto a mi cama. Nada fue planeado; todo salió mejor. El ejercicio me hace ver otros colores. Ya no los primarios. Combinaciones de rosa mexicano con verde limón. Así mis ojos. Un tercer ojo ha surgido. Ya huelo la aventura. Saboreo la tierra mojada. Escucho las sonrisas y toco la tranquilidad. Me gusta lo que soy. Me gusta hacer equipo. Disfruto este entrenamiento. A esta que soy. A esta que soy en este viaje de reconocimiento.

Mis perras me acompañan, sus primeras vacaciones. También nos reconocemos. La que es tímida resultó la valiente. La que me cuida resultó más endeble. Seguimos adaptándonos. Nos queremos más.

La idea era dudosa, viajar, pero por primera vez se me hizo fácil intentarlo. Eso se volverá costumbre. Hábito, como escribir.

Mis ojos están puestos en un “gomero plateado de montaña”, me digo, estará sembrado en mi nueva casa. Después de esto, sin dudarlo, quiero una casa con jardín. Mi nuevo hogar. Mi casa. Ya me ví… jardín, casa, perros, escritura, café y Tú. Quiero viajar ligero… a hacer maletas, me digo! “Por mi eucalipto plateado”… A por ello… por nuevas aventuras, también.

Olfato de perro…

Día 4, trote ligero en ritmo y tiempo. Mi zona 3 de 5 comienza a mejorar. Antes solía ser zona 5 que significa que mi corazón se está desprendiendo de mi cuerpo. Hoy ya no, ya está en su lugar. Ha mejorado. En un entrenamiento la vida también se va acoplando a los nuevos ritmos. Al principio cuesta trabajo; todo cuesta trabajo, lo que vale la pena cuesta trabajo. La vida vale la pena. Entonces sabemos que cuando algo cuesta, lo vivimos. Nos comemos la experiencia.

Mientras escribo veo a mis hermosas peludas bigotonas perras, son tan diferentes; se complementan entre ellas, se complementan conmigo y yo con ellas. No sé si ellas se hicieron a mí o yo a ellas. Somos parecidas. Estamos mimetizadas. A veces camuflajeadas. Nos diferencia el cuerpo y el color. Aunque de ojos las tres tenemos el mismo brillo. El mismo fuego. A veces, llámenme loca, siento que con la mirada y sus ruidos me gritan qué hacer. Sí que gritan. También hay sus grandes momentos en que con esos ojos de perro tierno me lo dicen todo. Son mis compañeras de vida. Al releerme pareciera que llevo por ello una vida triste en soledad, pero conmigo misma lo que menos me siento es sola; la soledad tampoco es triste y la tristeza tampoco es mala. Soy una caja parlante de ideas. No me dejo en paz ni un solo momento. Hasta cuando no hablo. Me parece que ahí es donde más me platico cosas. Las charlas en silencio, son mi especialidad. El humor negro, otra. Trato de limitarme porque ese humor no es de muchos. Para mí es fascinante. Un arte. Cultura con sarcasmo. Gente para platicar con tintes “tarantinezcos” es el truco de magia perfecto.

Me gusta mucho la gente, verla de lejos me gusta más. Tener un espacio y decidir quién puede entrar en ese círculo, como esfera cómica que me he trazado. Podría leerse raro, pero soy elitista. Elitista en búsqueda de talento. No para contratar gente, ojalá tuviera entre mis poderes esa magia de luchar en contra del desempleo; hoy no la tengo. Posiblemente la tenga. Hoy no está. Sería otro sueño. El talento que busco es el que ni los que he encontrado, ven en ellos. Ese es el perfil de gente que encuentro sin buscar; la que sabe lo que vale, no. Bien por ellos, no necesitan quien los descubra. Solomon Asch, psicólogo polaco estadounidense haciendo experimentos podía descubrir y potencializar qué gente con IQ promedio, al creerse (por un posible engaño) tener un IQ más elevado, comportarse como tal.

Es descubrir quién tiene algo que no ha visto, no conoce; un regalo que tiene guardado, alguien lo dejó, ellos no sabían, de pronto aparece. Imaginemos que vamos a su casa y encontramos ese regalo escondido, en un clóset. ¿Por qué nos metimos al clóset? No sé, al estar imaginando todo es permitido. Solo imaginen. En eso encontramos una cajita. Imaginemos esa cajita de olinalá. Sí con madera blanca con olor a tierra mojada. Con olor a historia. Con olor a ver cómo los artesanos la trabajan. Con olor a Guerrero. Con olor a mi padre. Con olor a mi infancia. Pues bien, regresando a esa caja hermosa, me distrajo tanta belleza. Yo invitada imprudente a una casa de un extraño, retomo, abro el clóset; husmeo, revuelvo y en eso encuentro esa caja de arte sureño. Inmediatamente voy con cajita en mano, se la entrego, él lo abre, sorprendido igual que la intrusa, yo; entonces se da cuenta de un regalo que no conocía. El regalo es un “super poder”, ahora ya sabe que lo tiene y lo utiliza. Amo meterme a las casas, a los clósets y poder entregar esa caja escondida. Amo ver las caras al entregarles esa cajita. Amo ver lo que hacen con sus cajas. Tengo suerte de que me abran la puerta de su casa. Lo demás, digamos que es solo olfato. Un olfato a la madera de olinalá. Un olfato de perro, así como el que tienen mis compañeras de vida. Jaja… Solo me falta ladrar…

Beber triunfo o derrota…

Tercer día de entreno, ayer fue descanso, así suelen ser los miércoles; aún no sabe a tanto; el cuerpo al no sentirse tan cansado no valora tanto el día; como todo en la vida, se valora de lo que se carece, cuando no, a veces no se advierte; la necesidad nos hace apreciar muchas veces las cosas. El cuerpo, al menos ayer, no sintió que merecía una pausa, pero debe tomarla. Es parte del entrenamiento, el descanso. Se sigue todo al pie de la letra. Hoy se puede, se hace. Se disfruta.

Me pasó, jueves de hacer series; calentamiento, 15 minutos ritmo trote, 9 series intensas, descanso entre cada una, enfriamiento; una hora 15 minutos aproximadamente. Me sorprendí con cara de asustada mientras leía mi entrenamiento. La mente nos juega en contra. El cuerpo superó a la mente. El resultado, mejor de lo que hubiera imaginado. La imaginación no siempre es buena, te lleva, a veces al lado no iluminado.

Es poco el tiempo libre que he tenido; entreno, trabajo, escritura; todo ocupa mi tiempo; son pocas las horas que se tienen, desproporcionadas con todo lo que uno quisiera hacer. He pensado que ese podría ser un deseo, que mis días fueron de más horas, tengo el deseo, pero no a quien pedírselo. Me daría tiempo para tres cosas que a veces descuido, ver a gente querida, descansar más, platicar mucho. No te tenido tiempo de ver una serie o película, que tanto disfruto. Además, que cuando intento iniciar alguna, simplemente la temática, música o actuación no ayudan. No soy una crítica especializada; ni crítica sin especialización, ni especializada sin más; aprecio cuando algo es de excelencia. Mi parte cognitiva queda atrapada a los minutos (¿segundos?), sabe que será un buen viaje al que he incursionado y que bien vale la pena; hasta me busco el tiempo para continuar, le pido prestado tiempo a veces al sueño; las ojeras lo valen si eso que atrapa nuestra atención puede hacer que se olvide todo; guiones que valgan la pena. Tengo tantas series comenzadas; pienso, entonces, que son como a la gente que conoces. Las tratas, caen bien o mal; caes bien o mal; no somos monedita de oro, dicen por ahí; pero de ahí a que conociendo a alguien “conectes”, es complicado, es una suerte de alineación de astros; es magia.

Lo mismo me pasa con las series, películas, libros; busco de forma desesperada algo que me sorprenda. Cuando lo encuentro no lo suelto, así con las personas. Las personas que forman parte de mi vida son admirables. Hay algo en ellas que hacen el diferencial. Muchas veces me sorprendo cuando no me ven, viéndolos; ya me conocen, no los asusto, me gusta ver a mi gente, observarla, ver sus rasgos al hablar, tratar de grabarme su voz, advertir en ellos la fortuna de tenerlos a mi lado, ver su risa, tocar con manos imaginarias sus gestos, reírme de su lenguaje no verbal, escuchar sus historias, hacer una nueva historia con una nueva charla y quedar para vernos muy pronto. Los fijo; mi mente lo hace; cuando transitan entre desconocidos a conocidos, me es difícil recordar sus rostros. Sé que forman parte de mi vida cuando ya puedo cerrar mis ojos y verlos. Mi mente también me indica cuando pasan a formar parte en mi corazón. Tengo mala memoria para muchas cosas, en otras, bloqueo lo que no me ha hecho bien; tengo muchas imágenes, aunque no tantas, de gente que amo, en mi mente. Siempre puedo recurrir a ellos; ellos no lo saben, pero siempre están. Me gusta unir personas favoritas con actividades que disfruto; leer, compartir libros, regalarlos, platicar; ver una película o serie, hasta la plática y discusión de éstas es imprescindible; tomar café, el brebaje que me ayuda a arreglarlo todo. Le decía a un amigo hace tiempo: ¿quieres una bebida de triunfadores o un té de perdedores?… se reía, su risa significaba que lo atrapaba en mi mal chiste. Era obvio, entonces, lo que ambos debíamos pedir y degustar juntos… beber triunfo o derrota, fácil elección…

Contraseña segura…

Te abrazo en la distancia. De esa que hay en la sombra. De la que no se regresa.

Jugamos a estirar hasta que la liga no pudo más. Me pregunto, cuándo se sabe que ya no hay más? Cuando el dolor se transforma. Sabes que duele pero ya no hay lágrimas. Las lágrimas curan, sin ellas ya no hay recuperación. No hay cura, no porque pueda arreglarse, porque ya no se puede conciliar. Enfermedad sin medicina. Un mal que no conoce tranquilidad. Un mal que se queda. Permanente en el tiempo.

Sólida, muy lastimada. No hay retorno cuando hay tanto dolor. Inventado o real. Lo hay. Hay mucho dolor.

El laberinto para salir se ha complicado. Si logro salir, me digo; mis pasos serán con dos pisadas, una sombra, dos brazos. Me abrazo a la soledad. Me gusta. Nunca dos. Nueva aventura. No hay invitados. Fiesta privada con contraseña inviolable. El hacker se sorprende, intenta entrar pero nadie puede vulnerar la seguridad impuesta. Impuesta por mí para protegerme de mí.

Enseñanzas de Forrest Gump…

Día 2. Ha sido un día complicado, iniciar con farlek, un reto. Se corre menos tiempo, el corazón se lleva al límite, Este ejercicio nos hace recordar que así solemos llevar nuestro corazón, muchas veces. El farlek ayuda a preparar el corazón, a bombearlo, a que crezca. A preparar mente. A superar límites. Tus límites. Esos autoimpuestos, esos mal entendidos. El farlek te invita a salir de una vida cómoda, del ritmo constante. El farlek es el claro ejemplo de vencer miedos; de sorprenderte, de muchas veces admirarte de lo que puedes lograr. De salir de esa caja de confort. De no saber cómo, pero lograrlo. La dedicación no ha sido en vano; rinde frutos, siempre. Dicen los sabios, dolor contra satisfacción, el primero es instantáneo; el segundo perene. La mar de las veces ese cambio de ritmo es una prueba a escala de la película de suspenso de la vida.

Los corredores tenemos formas diferentes de estudiar, analizar y ejecutar los entrenamientos. Algunos, entiendo que los más “pros”, visualizan su entrenamiento desde antes. Se prepararán, para dormir pensando en el día siguiente, en sus logros. Muchos estudian su programa desde semanas atrás. Hace unos tantos años yo, “by the book” revisaba mi entreno antes, lo visualizaba. No fue idóneo, conseguía preocuparme de más; el reto de mañana lo veía como un problema insuperable. Me preparaba una noche antes para fracasar. Yo boicoteaba el entrenamiento, la preocupación de no lograrlo era mi límite, mi derrota, mi toparme con pared. Me cansaba antes de intentarlo. Me defraudaba. Mi mente me ayudaba a ver el cómo había muchas formas de no lograrlo. Entonces, decidí jugar con mi mente. Cambié la estrategia. 

Aliada de mi mente; no la inquieto; la dejo vivir el momento. El momento es el día del entreno. Caliento el cuerpo y corazón. Sorprendo a mis piernas. Hago que mi mente resuelva en el momento. Tal como muchas veces resuelves todo, trabajo y vida. Sobre pedido se resuelven los problemas; nadie nos avisa que va a surgir un problema, surge; entonces se abocan todos los esfuerzos, se resuelve, se logra.

Dicen que en un segundo puede cambiar tu vida. Eso hago para entrenar. Dejo que la sorpresa de la instrucción del entreno también ayude a aleccionar la rapidez en la concentración; en este caso el problema por llamarlo de alguna manera a resolver, es el objetivo planteado. Esa forma de enfrentarme al día del entreno me ayuda a prepararme para la vida; a saber, que, la constancia del cambio es holística e infinita; que en cualquier momento puede haber un cambio de contexto que, en lugar de trastabillar, me de fuerzas; que mis piernas estén más afanosas que antes para no tropezar; y que si al enfrentarme a algo no previsto resbale; me pueda levantar y seguir. Tal como se hace para vivir. 

Entrenar para un maratón, es aprender a sortear las vicisitudes de la caja de bombones, que un buen corredor como “Forrest Gump”*, nos enseñó sabiamente a escoger y a disfrutar; con la única instrucción de asumir al elegir, la compañía inseparable de la magia que nos brinda la enigmática sorpresa.

*Forrest Gump/ Película 1994.

El primero de muchos días… aunque no tantos…

Se comienza, hoy, entrenamiento para el “BMW Marathon Berlin 2022”… mi semana 1/18. Mi primer entreno de 124 días; el día 125 será “El Día esperado”. Hace unos maratones había tenido la intención de escribir una especie de memorias de esta preparación, preparación de mente, de cuerpo, de espíritu, de emociones; con sus contras, que siempre las hay; no siempre se está de ánimo para, el humor cambia, los días no siempre son tus aliados.

Me ha llegado el momento, escribir esto; antes encontraba pretextos para no hacerlo, hoy me siento obligada a compartirme esto, mis memorias de runner, a lo peor me servirán para el que siga, de seguro me servirán después para divertirme, preparo en un futuro buenas risas recordando esto. Después de dos años de posponer este maratón por pandemia; este año, al parecer, será posible. ¡Espera!… En las noticias se ha dicho que “Alemania ha detectado cuatro casos de viruela del simio; autoridades sanitarias de dicho país podrían introducir cuarentena”; ufff pienso…, comienzan las emociones; preparar una carrera de fondo es apostar a que lo que depende de uno; por un lado: los hábitos, horarios, sueño, desmañanadas, la alimentación; muchos hablan de sacrificios; por otro lado, alinearlo con la posibilidad de que el país al que acudirás, pueda permitir que se realice; viene a mi mente irremediablemente Tokio 2019, en donde nos alertaron que hasta las 5:00 a.m. del día de la carrera nos anunciarían si había condiciones para realizar o no el maratón; una tormenta de nieve, nos jugaba el suspenso a 50 mil corredores; pensaba cuando recién había llegado al aeropuerto Narita, ¿si se cancela?… la eterna pregunta que nos hacemos en estos eventos deportivos; la respuesta es simple, no pasa nada, se vuelve a intentar, lo complicado que se hace es el entrenamiento y ese ya se logró.

Las circunstancias en el mundo no se encuentran bien, históricamente no se han encontrado bien, desde hace mucho; me pregunto, ¿es posible de una forma egoísta encaminar esfuerzos para una meta, muy a pesar de todo lo que pasa?; virus, enfermedades, pobreza, guerras, sufrimiento, ¿se puede ser tan indiferente al dolor y solo correr?; pero pienso, el decidir correr o no, escapa de la solución a estos temas, duelen (sí que duelen), pero no paralizan; las cartas están echadas, se sigue con la mira en la nueva meta: maratón en puerta; piernas en preparación; mente alerta; emociones en subida y bajada; respiración más consiente; braseo adecuado para el movimiento de piernas; cuerpo ligeramente inclinado, según lo dicte el ritmo. La Puerta de Brandenburgo, que hasta hoy no conozco, es la imagen con la que despierto y me duermo. Lista estoy para reconocerla en algunos meses.

Visualizo ese día, 25 de septiembre; ya estoy ahí, mucha gente feliz, los nervios no existen, se quedaron en los entrenamientos; hoy es día de fiesta, celebración absoluta, de cumplir la meta; de revisar que tu entrenamiento haya sido el adecuado, de vivir el viaje, de conocer el país que nos recibe, de intercambiar sonrisas, de hacer cómplices que posiblemente no vuelvas a ver; de vivir la fiesta del logro, de un sueño más cumplido; de ver a los grandes maratonistas; de competir contigo mismo; de saber que eres un ganador, porque se ha logrado cumplir una meta personal más.

Comienzo este relato, estas reflexiones, sabiendo que un entreno de maratón es el símil de la vida; la meta está, pero los días que preceden a éste, los días que me faltan por, que, aunque no son tantos, podrían hacer la diferencia, incluso de la meta propuesta. Comienza hoy el entrenamiento de una etapa más de la historia de mi vida. Faltan muchos días, me digo… no tantos para desviarse en el camino, me contesto. Hoy todo sigue su camino. Vamos por ti Berlín. Por ti “Puerta de Bradenburgo”, por ti “Río Spree”, por la “Torre de la Televisión”, por el “Museo de Pérgamo”, por el “Reichstag”; comeré Berlín a través de ti “Currywurst”, “Eisben”, “Schnitzel”, “Bretzels”, “Kartoffelpuffer”, “Königsberger Klopse”, “Kartoffelsuppe”, “Berliner Pfannkuchen”, “Apelstrudel”. Te beberé y agradeceré tu hospitalidad a través de tu tan conocida cerveza alemana: “Köning”, “Weihenstephan”; “Paulaner”; “Schneider Weisse”; “Agustiner Helles”; “Weihenstephaner Korbinian”; “Bitburger Premium Pils”, “Franziskaner Hefe-Weissbier”; cerveza que hoy ya estoy saboreando… ¡Quiero probarlas todas!. Quiero comerte a mordidas Berlín!

Apuesta al 33…

Hace unos días, desayuno de mujeres. Las más importantes de mi vida. Las que mueven mi mundo. La plática es sincera, reconfortante, catártica. Ver a la mayor de estas mujeres que siempre me acompaña y saber que aunque nosotras creemos que la cuidamos, ella sigue siendo la más fuerte de la manada. Sus consejos son sabios. Por eso le dieron ese papel, de líder.

Lugar delicioso; saliendo, caminata en parque lleno de colores, vida, corredores, vendedores, perros. “Parque México”, se llama. Perros felices corriendo en lugar especial para socializar. Me gustó. Mi nuevo lugar favorito. Lejos de casa. Muy lejos. Me gustan estos rumbos. Me falta conocer tanto.

Voy a comenzar a desplanear… a hacer cosas sin pensar… a desaprender lo que he sido.

Este día eso ha sido. Un eterno jugar a lo que no he sido y quiero ser. Me imagino sentada escribiendo, leyendo. Con un café. Viendo gente pasar. Imaginar su vida. Acariciar perros.

Cansada de aprender y aprender… busco redirigir mis pasos, todo va a cambiar… Desaprender a ser yo. Esa es mi nueva meta. Sonreír; nada más que eso. Jugar a ganar… jugar a ser feliz… ese juego estoy segura que no lo puedo perder. “Hagan juego”, se oye en la mesa… “Apuesto todas mis fichas al número 33!”, digo… Que si estoy segura?, pregunta el crupier…Sí!, lo apuesto todo. “No va más”… se cierran apuestas y el crupier anuncia el número ganador… sin duda, cierta estoy… será el 33.

Filosofía del helado…

El jueves es para muchos el “casi viernes”, se comienza a sentir en la oficina la brisa de la felicidad del fin de semana; nada cambia en el día a día, se sigue con el mismo trabajo, pero los ojos ya se tienen puestos en el mañana, en el fin de semana, en los planes, descanso, familia; en el fin de la monotonía de la semana. El jueves tiene un sentido especial, al menos para mí… es “día del helado”; intento desde hace algunos años, no importa en dónde se ubique mi trabajo, de ir con algunos amigos, colaboradores o quien se deje, a aprovechar la promoción del día. La organización no es sencilla; ¿quién se apunta?, disponibilidad de la dieta de los interesados, las ganas, el horario para ir, el sabor, el tiempo, reuniones, que haya poca línea por hacer para la compra, el topping que se va a pedir: con fruta natural, con cereal, chocolate suave o duro, mermelada, chispas de yogurt, granola, coco, cacahuates, muesli, crema de limón, fresa, rompope, panditas… un mundo de opciones y combinaciones; algo que parece tan sencillo, requiere una organización de expertos, ponerse de acuerdo es un verdadero arte.

El helado, mi helado de jueves, mi helado de jueves de promoción, en el que debemos encontrar pares que quieran sumarse al “proyecto glotón”, no es sencillo; todos le echamos ganas, tenemos un fin que cumplir: comer nuestro helado; para ello juntamos esfuerzos. Necesitamos un equipo, una dupla interesada para que se aplique la promoción.

Un interés individual, varios intereses individuales, que deben de sumar esfuerzos de equipo si cada quien quiere llenar su estómago con esa mezcla de yogurt espeso que te acaricia; ese frío dulce y apapachador que te dice que lo has logrado.

El jueves de promoción, jueves de organización, de suma de voluntades para lograr un objetivo que es saborear un helado y vivir ese día compartiendo toda la alineación de meter la cuchara al vaso rellenito de helado y sacar un poco de sabor de nuestra elección; helado en mano que nos hace evidenciar que nuestra disposición valió la pena. Esos mensajes desde la mañana en el que comienza el llamado al reto del helado, transforman el día; hay ahora un objetivo más por cumplir ¿llegaremos a comprarlo?, muchas cosas pueden salir mal en el día, pero se procura que al menos haya alguna en la que todos cooperemos sin las negociaciones en donde a veces siempre reina el “no” por delante; aquí no aparece la mala cara, sino el intentar el cómo sí; todos los involucrados somos hermanos de helado; el honor a dar la palabra para ser parte de ese par que se necesita para el 2 x 1, es irrenunciable; es de caballero, o dama, según aplique; Bushido, dirían en Japón. Se emite el sí y ese sí se sigue hasta ver el cómo ese tímido sí se transforma en sabor; entonces, levantar con orgullo el trofeo; a veces la victoria escurre y resbala tratando de escapar; nuestras manos, el calor y la emoción, hacen lo suyo; el objetivo planteado se ha conseguido. Comer un helado y sentir que, cada cucharada vale la mitad de lo normal, no tiene precio, se vuelve un juego del ahorro; un juego en el que todos cooperamos. Bueno, bonito y barato, nos decimos los ganadores; envuelto de azúcar y de risas, objetivo logrado, nos felicitamos. Sí, somos un equipo ganador, insistimos en decirnos…

He pagado… espero mi turno para que me preparen el helado: “mmmmm… si esta organización, coordinación y suma de voluntades se aplicara a todo… qué tan fácil sería conseguir las cosas!!pienso… mmmm… de pronto un sonido…se escucha la pregunta esperada y respondo: “el mío con cacahuate y rompope por favor”…

なんくるない…Nankurunaisa

De repente te das cuenta que debes tomar el control de tu vida, la estás perdiendo. La perdiste. Te dijeron que te auto engañas y engañas. Te cuesta trabajo. Debes entonces, volver los pasos.

Tomas el control, sabes que serás criticada. Pero ya lo eras. Entonces, posiblemente vale la pena.

Todo vale la pena. “¡A por ello!” ¿Por qué? No importa. Tampoco importa.

Estás tranquila, eso no tiene precio. El trueque valió la pena, El tiempo, paciencia, expectativas, cansancio, horas sin sueño, sinrazones, inmadurez, palabras, chats ausentes, pláticas, reclamos, silencios, conversaciones; fueron obstáculos. Óbices no superables. No se quisieron dominar. ¿No se podían? No se hicieron.

Ahora, observas, aprehendes, escuchas; ver, conocer y oír, ya no te es suficiente. No hay reintegro.

Tú eres el premio. El premio mayor es tuyo; es para ti. Eres tú. En hora buena. Ganaste. Hoy ganaste. Con el tiempo, todo se arregla. Nankurunaisa. También esto, pasará.

La Teoría del Pozole…

Me comenta un amigo querido que desde que se fue su mami no han comido su plato favorito. Él quisiera degustarlo de nuevo, porque cada cucharada lo haría recordarla, solían compartir esos momentos de antojo en ocasiones especiales, sería como tenerla presente, regresar el tiempo, ver la estampa de cuando ella estaba, las risas, la voz; su padre, por otro lado, no quiere, para él ese platillo ha dejado de existir; comió todo lo que debió de comer cuando su compañera de vida estaba con ellos. Me dice angustiado e insistente que su papi no accede. No sabe cómo convencerlo.

No sé bien qué decir en esos momentos… soy torpe para apapachar a las personas en la muerte, nunca hay palabras… pero le digo… Para lo que uno es necesario para recordar y honrar; para el otro no necesariamente lo es, puede ser hasta doloroso e impensable. El duelo se saborea de formas distintas, pero debe incluso gozarse, porque es parte de la sanación, los tiempos de purificación y recuperación, también varían para cada persona. Esto no te lo he contado amigo, aprovecho para hacerlo; Hace muchos años, mi madre escuchaba música en la sala con mi padre, recuerdo que cuando estudiaba hasta en mi cuarto se escuchaban los discos de María Dolores Pradera, los Tres Ases, Los Panchos, Julio Jaramillo, Armando Manzanero, Los Tecolines, Luis Arcaraz y su Orquesta, Agustín Lara, Los Tres Caballeros, Chavela Vargas y el Dueto Caleta… recuerdo tanto: La Flor de la Canela, Toda una Vida, Acapulqueña, Por los caminos del Sur, Toro Rabón, San Marqueña, Gema, La Gloria eres tú, Tres Regalos, Ódiame, Bésame mucho, Contigo, Bonita, Piel Canela, Tú me acostumbraste, Sin ti, El Reloj, Poquita Fe, Somos Novios, Cancionera, Usted, Perfume de Gardenias, Cien años, Un siglo de ausencia…

A veces te confieso, me sorprendo con los audífonos mientras trabajo, escuchando esa música que antes me era indiferente o hasta molesta. Hoy me llevan a viajar a mi adolescencia en un fin de semana, no importa la época del año, ni el clima; yo en mi cuarto sola, de seguro estudiando, tratando de concentrarme; entre la música se escuchaba que esos dos enamorados no paraban de platicar y reír; mientras mi madre cocinaba, mi padre ponía música y le preparaba un coctel que disfrutaban como una pareja envidiable que siempre fueron, ¡dejaron la vara muy alta con su ejemplo!; Mi madre, por su parte, no volvió a poner esos discos ni a sentarse en esa sala, cual antaño. Nadie se lo ha pedido, nadie la ha forzado a hacerlo, nadie se atreve y es parte de su duelo, de su pérdida eterna. El mío, posiblemente, es escuchar toda esa música cuando estoy muy presionada, esas notas de guitarra me devuelven a mis raíces, a lo que soy, a lo que me convertí; te cuento un secreto, me sorprendo sonriendo; a veces, muchas veces, con una lágrima de felicidad, por lo vivido. Hoy me sé toda esa música que mucha gente de mi edad no conoce. ¿qué te digo amigo que no sepas ya? El dolor es fuerte… el olvido nunca llega… Ven… Te invito un pozole…, vamos sin que sepa tu padre… disfrutamos y celebremos con ese manjar a tu mami. ¿un blanco, verde o rojo?… Yo, como buena hija de guerrerense, uno verde por favor, con todo.**

*Dedicado a ti querido RCG y familia, siempre en mis oraciones…

** Mientras escribo… escucho y tarareo: “Por los Caminos del Sur”/Dueto Caleta. Compositor. Agustín Ramírez… La preferida de mi padre.

Panza llena, corazón contento…

Compartí con una amiga unas barritas de amaranto junto con temas que nos inquietaban. Recordamos sin duda la hora del recreo en que salíamos presurosos a comer el “lunch” que nuestras madres habían preparado para nosotros. ¿no les pasaba que generalmente siempre se les antojaba más lo que traía el de junto?… y no es que mi madre me diera un lunch desabrido; generalmente mis compañeros llevaban sus alimentos, de esos que se compran en tiendas; a esa edad, los ojos tiemblan cual nipona de anime, cuando ves en el de junto los productos que solían detener tu respiración ante los comerciales y que te decían “¡cómprame!”; mientras, de seguro, disfrutabas de tu caricatura favorita; a tan corta distancia, en un recreo, en verdad que te descontrola; los colores de lo desconocido, hechos para niños, sí que llaman la atención. Mientras escribo pienso que lo que usualmente llevaba de lunch era sin duda cocinado por mi madre, de seguro y contra mi voluntad, debió ser muy nutritivo, pero apuesto que también delicioso; no cambiaría ningún platillo de mi madre por otro ni en mis recuerdos y menos en el presente; afortunada soy, aun los disfruto. 

Esperábamos el recreo; posiblemente era algo en el que todos los compañeros al unísono estábamos de acuerdo; no recuerdo si era porque teníamos hambre, queríamos platicar, estábamos hartos de la lección, cansados de las clases, de los profesores, de la balanza entre el conocimiento-ignorancia; no recuerdo una razón precisa, pero era un derecho que como alumno pequeño teníamos y hacíamos valer; todos. Posiblemente en esos recreos es donde forjamos amistades que hasta hoy conservamos, o a lo peor tuvimos “grandes” ideas que a lo mejor nos han acompañado desde antaño. Era ese el momento para ver a nuestros amigos que año con año pedíamos a todos los cielos, ese cielo inocente que le concede todo a los niños, que se quedaran con nosotros, en nuestro salón.

El tiempo, la presencia, las risas, las clases se debían compartir en el momento, la comunicación como hoy de adultos, no se nos daba; entre muchas, la gran diferencia de ser niño a no serlo; cuando eres niño hay urgencia por compartir en la amistad, todo se quiere hacer con el amigo del aula; de grande, todo cambia, eso posiblemente es parte de la madurez; los amigos aunque sean inseparables, tienen sus vidas y buscamos el momento para compartir cosas, problemas, alegrías, no importa qué, solo compartir; temas que sucedieron en el lapso de nuestra ausencia, posiblemente prolongada, eso hacemos los adultos; ese día generamos nuevas experiencias que vamos sumando en nuestro jenga de amistad; sin embargo cuando niños, en caso de que nos hubiera caído la maldición de la separación del aula, a esa edad era una muerte pequeña y dolorosa, perdimos a un amigo; a menos que nuestras madres hubieran sido amigas o en su caso compartiéramos vecindad.

En ese ir y venir de amistades en nuestra vida, hoy tenemos la oportunidad de elegir a los amigos adecuados, aunque siempre siguen brotando como fuentes nuevas posibilidades de amistad; de conservar a los que ya se tienen; o incluso, a otros, darles las gracias y dejarlos ir. Por ello, el compartir un snack con una amiga de oficina, es compartir lo mejor de esa nostalgia de niños en dónde decidías abrir tu lonchera e intercambiar tiempo con tu amigo a cambio de un trueque de comida ya sea nutritiva o llamativa. El código de Intercambiar no era algo por la apariencia o el precio; se intercambiaba complicidad, secretos; disfrazados de botanas, cajitas de cereal azucaradas, chocotorros, dulces, fruta, frutsi, galletas, gansitos, gelatinas, panditas, pastelitos de chocolate, peperami, platívolos, pingüinos, sándwiches, squeezit, triángulos de queso, hasta verdura (zanahorias, jícama y pepino).

En la edad madura eso se perdió, desapareció; no el intercambio de comida que podemos seguirlo haciendo, sino ese tiempo que nos era designado de lunes a viernes como algo que nadie se cuestionaba; al sonar la primera chicharra, ese tiempo se daba, se exigía al profesor, se necesitaba; el tiempo que se designaba de 15 o 30 minutos para tener esos espacios para conocer gente, para cultivar la amistad con la boca y panza llenas. Posiblemente de ahí venga el dicho… “Panza llena, corazón contento”. Efectivamente, eran buenos tiempos, los minutos del día en que el alimento, sonrisas y charla; nutrían y enlazaban la panza y el alma. Después de tantos años… con amaranto en la barriga, una gran amiga y con pláticas catárticas; agradecida estoy de volver a vivir con nostalgia el recreo, este recreo… shhh… Suena la segunda chicharra… “el sonido indiscutible de regreso a las clases… hoy a las labores”…

Buongiorno principessa!!!*

Correr siempre ha sido mi despertar; mi nueva oportunidad para hacer mejor las cosas; no importa qué suceda en mi vida, correr se ha convertido en mi ancla, en mi tierra firme. Salgo temprano cuando aún hay oscuridad; te cuidas de los coches, perros, gatos, de todo lo que esté a tu paso, muchas veces te cuidas de las personas. 

Génesis… Cuando comencé a correr, hace ya unos veinticinco años, emprendí mi nuevo hobby siendo corredora taciturna, quiero defender mi mutismo en que iba concentrada en mis primeros pasos, pero ese silencio se extendió algunos años, muchos años, en realidad; se convirtió en un hábito, correr en silencio, corredora silenciosa; decidí, bajo ese pretexto “no molestar a nadie”, quedarme con la boca bien cerrada, solo corriendo. El único ruido, mis pisadas. Las hojas que pisaba. Los colores de las hojas iban cambiando de tonalidad con el tiempo.

Crisis… Poco a poco comencé a hablar, era una voz tímida, apagada, casi imperceptible, de un “buenos días”, posiblemente con la mirada hacia abajo, sin voltearlos a ver; sorprendida estuve en que la mayor de las veces no había respuesta; me preguntaba ¿porque la gente no contesta a un saludo?, pensaba; a mí que me cuesta tanto trabajo hablar con los extraños; ellos pareciera, que trataban de desmotivarme a seguir intentándolo; incluso contaba algunas veces a las personas que no contestaban a mi tímido saludo; 8 de 13; 5 de 10; 9 de 11 y así, el porcentaje no era alentador. Pensaba que si a mí me saludaran, jamás podría no contestar; “educación”, me decía, yo misma me recriminaba mi saludo… Parte de mi concentración en el entrenamiento se escapaba en mis buenos días y la nula respuesta. Mi eterna reflexión. Yo era el juez y parte; condenaba, sin dudarlo, la falta de educación de los que se cruzaban a mi paso.

Evolución… Llevo pocos días que comencé a correr en la calle, entre vecinos, conocidos; los de siempre, de hace años, con los que crecí, muchos nuevos, demasiados desconocidos; sigo saliendo en la oscuridad; mientras ya he dado unas cuantas vueltas a la colonia, comienzo a oler el despertar de los vecinos; alguien cocina rico en 3 casas; huele a chilaquiles, huevo, carne asada, tortillas quemadas (amo ese olor!), es el olor de la felicidad; en otras casas comienza a repuntar el olor a café, café fuerte y con cuerpo; en algunas otras despuntas risas y voces; salen niños con los papás con prisa rumbo a la escuela, se les hace tarde… en muchas; mujeres arregladas, preciosas, listas y concentradas para iniciar sus actividades (o continuarlas); hombres en traje, de seguro rumbo a una junta; gente caminando; personas que comienzan a salir con sus perros ansiosos; pues bien, retomé el “buenos días”, hoy ya con audífonos con un alto volumen, para ir escuchando mi respiración en el entrenamiento; voy repartiendo “buenos días”, solo controlando el volumen de mi voz para no espantar; ahora lo hago sin esperar respuesta alguna. Ya no me importa si reaccionan con mi saludo, solo intento, en verdad no espantarlos. Algo que hace tiempo me era importante, hoy ya no lo es. Hoy digo “buenos días” por querer decirlo. Es un regalo que se da, no a ellos; no al otro; es un regalo a nosotros; la evidencia de que estamos vivos, sanos, haciendo algo que nos apasiona, “correr”; con voz, vista, sonriendo, todo funcional; con ganas de regalarnos y regalarles, ¿a quién?, a quien se deje dar-recibir, esa oportunidad de vida; la oportunidad del buen deseo; el “Buen día”, que no se le niega a nadie; como el agua, el pan o una sonrisa. Un acto de envolver “la energía de las buenas intenciones”, meterla en una cajita pequeña, de preferencia elegante, pequeña, muy pequeña, incluirle la frase de “¡cuidado: frágil”!, delicado; envuelto con un moño color rojo de terciopelo, y así de “cute”regalarla.

¿Será que evolucioné? ¿será que me cansé de preguntarme todo? ¿será que ya no me importa nada que no encuentre una explicación? ¿será que algunos vecinos están sordos? ¿será que están de malas? ¿será que no han tomado café? ¿será que tienen problemas y efectivamente no es un buen día? ¿será que les sorprende un saludo de una desconocida? ¿Será que es muy temprano para socializar? Será lo que sea, es lo que es; muchas posibilidades, pero sé de cierto que este “buenos días” que antes me preocupaba tanto, hoy solo me ocupa; hoy me nace, solo me nace; es de mí para mí y de mí para quien lo quiera recibir o incluso replicar… me digo entonces… ¡Buongiorno Principessa*… la Vie est Belle!**

**Nota. Tan mágico puede ser el buenos días, como el limpiar los ojos con esa película.

*Buongiorno teoría

*Guten Morgen Theorie

*Teoria del bon dia

*Bonjour théorie

*Teoric dea-maidin

*Good morgen teori

**La vida es Bella/ 1997/ Roberto Benigni.

Cursilería

Qué tonto preguntar si me quieres. Si no me quisieras no preguntaría. Jugamos a saber lo que ya se sabe. El juego de arrumacos y preguntas de color pastel… Cuando uno deja de jugar… Cuando no hay preguntas…Cuando uno duda de la respuesta. Mejor no preguntar. Mejor ni hablar. La cursilería entonces desaparece. Se esconde… Volverá a salir? Dudar con certeza. Hermosa duda. Me aferro a esta pregunta. Amo preguntar.

Passport, passeport, reisepass, pasaportto

¿Vamos a viajar mucho?, preguntas esperanzado; ¡toda la vida!, respondo segura.

Viajamos diario: cuando platicamos, planeamos y recordamos; construimos experiencias, todos los días viajamos… eso es viajar, ¡sí que viajamos diario!. El pasaporte solo sirve para eso… seguir platicando, planeando y recordando; construyendo experiencias; la única diferencia es que es en otro país: itinerario, planes, maletas, hoteles, comidas nuevas, museos, cultura diferente, restaurantes, calles interminables, monumentos imperdibles, experiencia, conocimiento, gente interesante; diario viajamos juntos… Sí! Anda… pide el pasaporte con vigencia vitalicia. Nuestros viajes se prevén para toda la vida! Turismo a perpetuidad…

Viernes 13 de celebración (!)… Día de la madre(?)

A las mamás que nos acompañan:*

*Discurso para desayuno de celebración. Leído por una mujer.

Me gusta la fecha de hoy, viernes 13, un día que para muchos podría ser apocalíptico y de mala suerte, nosotros lo hemos convertido en un día de celebración, un día del “No Día de la madre”; ha pasado el 10 de mayo que todos celebran; este es un claro ejemplo que nosotros podemos hacer de un día convencional, el día de quien quizá sea la mujer más importante en nuestras vidas y poder celebrarlo, como hoy. “Día de la madre” un festejo que paraliza a todos, en México y en el mundo. La madre no tiene nacionalidad es el ángel, la compañía, la maestra, la cocinera, la doctora, la abogada, la amiga, la que todo lo sabe, y si no lo sabe, lo aprende; lucha, lucha todos los días. A veces, con solo vernos sabe irremediablemente lo que necesitamos y muchas veces la medicina inmediata resulta el abrazo; ya después, habrá tiempo para resolver lo demás. Pero primero, lo importante, el abrazo de una madre.

Les invito a que cierren los ojos por un momento y recuerden un día cualquiera en nuestras vidas, el más aparentemente simple, piensen en uno; si a ese día cotidiano, le sumamos el trabajo que desempeñan en esta Institución, la mente y la lógica no nos da para pensar cómo deben multiplicarse para ser mujer, madre y trabajadoras a la vez, todo en 24 horas que las convierten en 25 o 26. Son privilegiadas, porque han podido desempeñar con orgullo los roles de mujer y trabajadoras, sin descuidar la oportunidad y privilegio de dar vida, cuidar y educar a esos hijos que las hacen despertarse todas las mañanas como parte de nuestra motivación para ser mejores cada día; ahora ya no sólo por ustedes, sino también por ellos y ellas, por el buen ejemplo que quieren darles. Ser madre nos invita a la exigencia.

“Admiración”, es la palabra que viene a mi mente cuando pienso en personas que, como ustedes, suman esfuerzos en una institución como esta. Siempre decimos que esta institución es una gran familia. Y sí que lo es, lo es en gran parte porque ustedes como madres han sembrado valores que en lo individual tienen en sus familias. Dejaron de pensar en singular para sumar en plural. Fuera el individualismo; ustedes ya piensan en hacer equipo, piensan siempre en plural.

Siempre he pensado, y puede que sea tachada de exagerada y pido una disculpa si me excedo, pero, las mujeres somos como el mar que embellece el paisaje, que refresca en un día soleado; las madres son como las olas que mantienen en armonía el mar, ese sonido tranquilizador que siempre existe para los hijos, no hay día complicado si nuestra madre está; por último, las madres trabajadoras, forman tsunamis; sí, verdaderas y majestuosas olas, eso son. Son nuestros tesoros. Nuestras joyas que atesoramos y que hoy gustosos celebramos.*

*Discurso atemporal. Léase en cualquier día. Para celebrar el “no día de la madre”. Que es todos los días.

 

Una jirafa por favor

Ciento diecinueve pesos, aproximadamente, cuesta divertirse con adivinanzas ya desde el inicio perdidas, mientras se disfruta un sabor que no se encuentra en el postre más gourmet; llámenme básica, simple, de paladar no refinado; no importa, posiblemente lo soy, hablo de las galletas de “Animalitos”; azúcar, huevo, harina, manteca y esencia de vainilla, que en complicidad hacen de una bolsa aparentemente no llamativa, un manjar que encierra un supuesto zoológico a nuestro alcance, exquisitez heredado según sé, de Inglaterra. ¿Qué será lo que salga al meter mi mano? Posiblemente un bisonte, camello, canguro, cebra, elefante, foca, hipopótamo, jirafa, león, mono (con ropa), oso, oveja, pescado, puma, rinoceronte o tal vez un tigre; leí alguna vez, que ha habido 54 tipos de diferentes animales; hoy con el último agregado, un koala. Todas las galletas parecen iguales, podrían causar discusión respecto a su identidad; los expertos sabemos reconocer las diferencias disfrazadas de mal corte en la galleta que te conduce a un animal, cual seguro Picasso hubiera creado en el cubismo con composiciones fragmentadas y des construidas, que podrían ser vistas desde distintas perspectivas.

Buen reto, incluso para los que tienen vista perfecta. Los identificas y debes dar una razón del por qué ves a tal o a cuál animal. Las galletas podrían ser vistas como la metáfora de la vida. Todos vemos la vida según nuestra apreciación.Todos podemos ver un animalito distinto. Hay quien osa decir que todos son iguales. Esa es indiferencia por la vida, aléjate de esas personas que no pueden advertir las tenues diferencias que los hacen ser identificables: patas, cabeza, cuerpo, cortes, si hay melena o no, cola, los tamaños. Una vez escuché una canción que decía algo que me pareció ofensivo; después, me reí a carcajadas, decía: “eres corriente como galleta de animalito”, después en otro lado, leí como referencia a lo dicho en burla, la respuesta: “sí…, pero muy sabrosa”.

Y en esta alegoría diría, no soy sabrosa como galleta de animalito; corriente, podría ser, porque no soy excepcional, soy habitual, común o frecuente; no así extraordinaria, a veces un poco rara; pero pudiera ser una hermosa galleta de animalito que aparentemente no tiene muy explícita la forma. Decirme así, sería un cortejo, más que algo ofensivo; porque sin llegar a tener glamour entre la gente, entre las mujeres; sentiría que yo hago la diferencia, entre cualquier postre majestuoso que la vida nos pueda ofrecer en bandeja de plata engrasada y enharinada, a punto de meter al horno, previo a guardar en el santuario de las bolsas de plástico, en dónde se ofrecen al público versado en sabor. Mientras tanto… solo te pido me acerques la leche y me pases de preferencia una jirafa.