Ojos “animosos”…

A cien días para que mis piernas bailen durante 42,195 km. Mi vals deseado. Por el que suelo ensayar y ensayar, literal, hasta el cansancio. He practicado mucho. La coreografía es imponente. Entreno el baile perfecto. Sigo madrugando para divertirme. Muy difícil de entender para algunas personas. Me falta mucho para llegar a dónde me he propuesto. Me veo una mañana de septiembre despertando, con la prisa por llegar al aeropuerto, el estómago con dolor de emoción. El pasaporte, los tickets, la maleta, los tenis, mi outfitdeportivo… Seria, muy seria. Ocultando la sonrisa, no apropósito, mi cábala para que todo salga bien. Me gusta comenzar a oler la intensidad de esas aventuras deportivas. Respiro y me tranquilizo. Respiro y me veo. Me veo y sonrío. Me veo ese día. El día de. En la salida, posiblemente con mi monólogo interno, diciéndome que todo va a estar bien, que es momento de la diversión. Me veo llegando a la meta. Ahí es donde más me veo. Siento la emoción de cruzar la meta… aspirar los últimos kilómetros. Olfatear los últimos metros. Sentir mi corazón al máximo. No distinguir si es de cansancio o emoción. Solo sentirlo. Sentir fuego en el alma y en las piernas cansadas.

 

Me veo disfrutando un Berlín, hasta hoy desconocido. Aunque de tanto pensarme en él, se ha vuelto un lugar donde recurremente acudo a caminar. Se ha vuelto mi lugar de descanso. Mi lugar preferido. Si bien la aventura comenzó desde hace ya unos años, la pandemia arrasó con, no solo vidas, también pospuso o hasta imposibilitó sueños. Este sueño durmió dos años. No pensé que pudiera despertar. Recuerdo y aun duele, la primera cancelación, todos a sus casas, debíamos cuidarnos; la segunda, la carencia de las vacunas. El resultado el mismo. En el pasado no maratón en puerta. Se entrenaba para un maratón que no iba a llegar. En el presente, maratón en puerta. En la puerta de Bradenburgo. La puerta soñada, a la vuelta de unos días.

 

Hoy, ya en mood de esperar, de vivirlo, tocarlo. Todo se encamina para. Yo me encamino a. Cuido todos mis sentidos. Lo que escucho, veo y hablo. Cuido sobre todo lo que siento. Es un requisito para esta preparación. Cerrar círculos. Abrir otro necesarios. Aspirar energía. Solo energía positiva. Respirar por la nariz energía positiva, expirar por la boca energía negativa. No problemas.  No se admiten. Si algo no te hace feliz, es momento de liberarte de ello. Soltarlo. Poner límites. A veces no se advierte tan fácil cuando algo no está bien con tu vida. Mucho ajetreo en la vida. El entrenamiento es un momento para detectarlo. La dopamina y serotonina al máximo. Con deseos de hacer las cosas y con ánimo de vivir. Desprenderte de vicios, de personas tóxicas, de momentos incómodos, de respuestas molestas, de ojos vigilantes, de rumores inadecuados. De personas que te hagan dudar de uno mismo. 

 

Las piernas han dado batalla, la alimentación se ha cuidado, el sueño es, en tiempo y calidad, más ambicioso. Los entrenamientos han sido retos salvajes, tomando en cuenta que la vida de deportista es un rol más que se desempeña al día. Cuando pienso en correr me brillan los ojos, hace unos meses me comentaron: “ojalá te brillaran los ojos por ´whatever´, tal como te brillan por correr”. No sabía que al correr irradiara esa luz, ese fuego, esos ojos. Y sí, pienso en ese día (en el día cien), mis ojos se transforman, se estilizan las líneas, pierdo detalles anatómicos, se mutan en formas redondas, con pestañas superiores e inferiores largas, con profundidad, con reflejos; sí mis ojos brillan. Al brillar, se transforman. Me veo al espejo y me espanto, sí, tenían razón, es evidente, mis ojos son estilo artístico vanguardista de ánime. Todo esto solo al hablar de correr. ¡!!Imaginen cuando corro!!!

Sube y baja…

Ayer día de entreno de tirada larga… a un ritmo relativamente más rápido de lo normal. Me detuve tres veces a hidratarme y casi no sentí que mi cuerpo reclamara. Comienzo a escuchar a mi cuerpo. Sí, mi cuerpo me habla… Me van hablando las piernas, los brazos y la respiración, ésta comienza a hacerse más consciente. Cuesta tanto aliarse con ella. Ahora ya quiere respirar conmigo. Mi cómplice. Mi corazón se emociona. Es, entiendo, estar en tu centro. Estar firme en tu zona y sentirte segura contigo. Del tema del deporte comienza a meterse como la humedad en otros aspectos de mi vida. El personal sobre todo. Ya respiro mejor. Termino la segunda semana de dieciocho. Con mucha emoción; mis ojos puestos en Berlín… No hay distracciones, todo lo que sume ayuda y se adiciona a mi vida. Las restas no me gustan. Nunca me gustaron. Huyo de las restas. Las alejo. Lo que resta se ha eliminado en la operación matemática. Ya no está. Solo sumo y multiplico.

Hoy descanso, día de caminata con mis gordas bigotonas; mientras caminábamos encontramos un “sube y baja”. Hace días platicaba con un amigo que quería subirme a uno. No dije nada. Recordar ese movimiento de piernas, la emoción de estar arriba, cuando niños… Sentirnos volar. El poder que nos daba estar abajo y no dejar bajar al de arriba, ver que suplicara. Poder de niños. Poder de diversión. Maldad de inocencia.

No dije nada, de pronto me ayudaron a sujetar a mis peludas… el ofrecimiento se hizo… Quieres subir al juego?. Sin decir nada mi deseo se me concedió. Mis ojos daban las gracias por esa propuesta. Se necesitan cómplices para hacer cosas no comunes. Dos adultos jugando a ser niños. Subirnos; el juego debe estar en equilibrio; comenzar a subir y bajar moviendo las piernas hacia arriba, hacia abajo, sabiendo que si uno sube el otro baja, jugando a dejar arriba al otro, a tener el control estando abajo; si estás arriba saber que eres grande… muy grande, que ves todo. Qué paisaje! Qué estampa. Flotar…

Mis perras ladraban por una ardilla, yo reía emocionada, la escena era hermosa, tenía 6 años y estaba en los juegos de un parque con mis hermanos; siempre al acecho de los ojos cuidadores de mi madre, con mascotas; con ropa llena de pelitos y ladridos que nos reclamaran atención. Hoy la escena era eso, salimos a pasear; Tina y Palomita nos llevaron a pasear y nos llevaron a subirnos a los juegos, a recordar lo que somos, niños que venimos a esta vida a divertirnos. Niños con arrugas. Niños con obligaciones. Niños con canas. Que si bien tenemos responsabilidades… seguimos siendo eso, niños que jugábamos en casa, en la escuela, en los parques, en las fiestas; solos, acompañados, con hermanos, con primos, con amigos, con desconocidos. No importaba, jugábamos, solo eso, jugábamos a ser adultos, a: “declaro la guerra”, a “policías y ladrones”, a “encantados”, al “avioncito”, a las “canicas”, a la “cuerda”, a las “escondidas”; a lo que fuera, no importaba el nombre del juego, la única regla era divertirse y usar la imaginación, esa que decidimos guardar. No había diferencias entre los niños. Todos éramos solo niños; todos lo seguimos siendo; algunos tenemos a nuestro niño amordazado; pensamos que al ser adultos ese niño debió de desaparecer… y no… somos niños con experiencia, con otros conocimientos; la imaginación, la guardamos para que no se gaste, sin saber que es el músculo que más deberíamos ejercitar; tan importante que es jugar; hoy lo supe.

Entender que ese “sube y baja” que jugábamos es un esquema de la vida misma. Siempre si subimos podemos bajar y siempre que estemos abajo podemos subir. Para bajar del juego hay que equilibrar asientos. Y eso solo se puede lograr con dos. Las personas para bajar, para subir, deben de estar de acuerdo y coordinarse. Cierta estoy que si tú estás, yo estoy y queremos jugar, en el “sube y baja” de la vida, sin duda debemos regresar las veces que queramos, que sean necesarias. Quiero continuar mi vida embriagada por tanto juego, me digo… hoy sí seré la que hable, pienso… no más que alguien te lea la mente, sigo pensando, a decir lo que quiero que solo hay una vida…

[shhh… silencio… pausa… shhh]

[Trago saliva dos veces…]

[Comienzo a hablar…]

[Un hilo de voz…]

Me acompañas a jugar?, le digo con voz tímida, tratando de atrapar sus ojos… mira… mira, le digo con emoción, traje unas caninas y un gis!

The gods must or are crazy…

Jueves de series, me sentí bien. Impactada por el logro, dos series de 5 mil metros a ritmo alto, con descanso de tres minutos. Las piernas y el corazón siguen aprendiendo en el camino, asimilando que pueden ser fuertes. El hambre continúa. El gusto por la comida comienza a cambiar, ya no disfruto lo mismo. Necesito más agua. Más sueros. También más proteína. Hace mucho no entrenaba en el gimnasio; mi calle había sido el mejor lugar de entrenamiento, hasta hoy. Comenzaré a alternar días. En calle y en cinta. Debo de acostumbrar mis piernas a los cambios, tal como uno debe hacerlo en la vida.

Hoy comí con una amiga, recién descubierta, hace unos meses llegó; así de pronto apareció; me hace reír mucho. Ella dice que yo a ella. Creo que se equivoca. Juntas cambiamos el mundo, sentadas pidiendo sushi. Así de cómodas. Así de fácil. Así de casual. Me cuenta, la escucho; le cuento, me escucha; me pregunta, le contesto; le pregunto y analiza. Reímos… Pedimos alimentos, yo me voy a lo seguro, lo conocido; ella a las cosas diferentes, a la aventura. Reímos… Nos ponemos al día en aproximadamente dos horas. Siempre insuficientes. Reconfortantes pero escasos. Calidad no cantidad, me digo. Esperamos la siguiente comida. Muchas cosas pasan entre comida y comida, solo se acumulan, se anotan, se cuentan, se arreglan. Así nuestras comidas. Son momentos en que tocamos base, nadie puede hacernos daño. Estas comidas son el oasis después de caminar por días en el Desierto del Kalahari. Recordé inmediatamente la película de “The Gods must be crazy”;* compartir es el verbo de esta película botsuana; ante una botella de Coca-Cola que cae de una avioneta, se piensa que es un magnánimo regalo de los dioses; comienza inmediatamente la necesidad voraz de todos los habitantes de hacer suyo ese regalo. Se les olvida el significado de la palabra “compartir”. Tanto así que, alguien sabio busca cómo tratar de deshacerse de la botella; aparentemente de ser un regalo de dioses se torna, para todos, como una cosa maligna. La gente que había tenido el verbo “compartir” muy bien conjugado, ahora ya no sabe cómo utilizar la palabra. Los peores sentimientos de los bosquimanos aparecen dándole la bienvenida a esa aparente botella-ofrenda divina.

Eso pasa con estas comidas, como la de hoy, como la que hago con mis amigos; no hay regalo de dioses porque pelear. Solo somos la tribu de Xi y su familia bosquimana que vive feliz y tranquila previo a la llegada sorpresiva de esa botella que desata las emociones de ansiedad, asombro, confusión, envidia, miedo, horror, tristeza; transmutando la armonía en desastre. Nuestro convivio es de verdaderos dioses. Una charla, comida y risas; un lujo de reyes, de reinas, de princesas. Un regalo de dioses ¿locos?… posiblemente, pero creo en ellos y me gusta la locura. Acepto el regalo. Me hace feliz. 

Siempre se puede ir a tomar un café con un buen libro; se puede hacer cuanto se quiera en solitario, no hay límites, se hace y se disfruta; sin embargo, conjuntar dos almas, ponerlas en sintonía para coincidir, planear hacer algo con alguien, es sin duda un tesoro que guardo; estas comidas, estos momentos, mis amistades, las colecciono dentro de un Ropero; sí como ese que solía tener la abuelita… [notas musicales…] con cosas maravillosas y tan hermosas que guardas tú… Prometo estarme quieto y no tocar lo que saques tú [notas musicales]…** shala la la la  

* The Gods must be crazy/ Los dioses deben de estar locos/escrita y dirigida por Jamie Uys/1980

** El Ropero/ Cri-Cri

Sopita de letras…

Mi segundo miércoles de descanso. Doctora del deporte preventivo que me apapacha; comienzo con la alimentación especial la semana siguiente. Entiendo que debo ponerme en acción para que el cuerpo se vaya convirtiendo en el de una corredora. Cuidar no lastimarme es la suma de entrenamiento, alimentación y descanso adecuado. Uno pensaría que es solo salir a correr, pero no, la preparación de un maratón también es modificar tu estilo de vida. Si bien no ser inflexible, sí más consciente de lo que ingieres. Hay que ingresar la energía adecuada para que el resultado del entrenamiento sea mejor, es un tema de lógica pura. Me gusta este tipo de vida. Alejada estoy de lo que suelen hacer los atletas profesionales, pero quiero, en la medida de lo posible, como en todo lo que me propongo, tejer los hilos que me den el soporte adecuado para potencializar mi objetivo. 

Estas semanas tengo comidas, las siguientes también. Mi tiempo a veces no me pertenece. Hay muchos compromisos. Pero pienso que si los hago es porque quiero, entonces dejan de ser compromisos para volverse momentos de agrado planeados. Es cuando te das cuenta del uso adecuado de las palabras y sus conceptos. No soy buena para tener agenda llena, sin embargo, suelo tenerla; al final disfruto tenerla. Mi tiempo no es mío. Siempre es de otros. Lo que pienso es que es de otros porque vivimos en sociedad, porque me gusta estar con la gente, intercambiar ideas, reírme. No disfruto estar entre muchos, me engento con facilidad. Me gustan las reuniones en donde se haga una charla constante, con ritmo. En donde no tenga uno que gritar para ser escuchado porque la música es estridente. Me gusta que todos puedan hablar, escuchar e intercambiar ideas. Ya saben, el proceso de una comunicación: sale una idea, alguien o varios somos receptores de ella, la analizamos y la contestamos y así sucesivamente. Parece aburrido, pero es parte de mi diversión. Comunicar. Escribir, posiblemente es la evidencia de lo que quiero platicar; diversión unilateral, no se comparte, se comparte el escrito, no la forma de hacerlo. Ese tiempo sí me pertenece. 

Me gusta intercambiar sonidos de voz, experiencias. Es una forma de hacerlas mías, de vivirlas a través del otro. Los antros no hacen negocio conmigo. No soy buena clienta, no soy clienta. Lo extraño es que me guste correr maratones. Hay mucha gente. Soy un punto entre tantos. Muchos puntos. Cuarenta y cinco mil puntos. Cuando estoy entre tanta gente me gusta pensarme sola y entonces comienza mi tranquilidad. Así no me distraigo y puedo disfrutar la actividad para mí, sólo para mí. Ese tiempo sí lo considero mío, egoístamente mío. 

Lo vivido en los maratones, especialmente en mis entrenamientos. Son míos. Mi tiempo. Cuando estoy encerrada en mi oficina, sin reuniones, leyendo o analizando un tema. Ese silencio me pertenece y no lo comparto. Ideas danzan en mi mente hasta que acaba la música y entonces como el juego de las sillas debes de sentarte rápido para no quedarte parado, sin silla. Así pienso… mucho movimiento y de pronto nada; como una sopa que bailan las letras por el plato caldoso y caliente. Se toma una cuchara sopera y como una pala encontrando el oro, se rescatan muchas letras; muchas posibilidades, varias palabras, varias ideas.

Me gusta vivir mi vida con el estupor de las palabras; las palabras que se formen de una charla. Sí, me gusta mi vida vista como una sopita de letras, humeante, llena de ellas, de ideas; llena de sorpresas sabrosas; de jugar a que a cada cucharada haya siempre la posibilidad de encontrar la palabra que no sabíamos ni si quiera que estábamos buscando. Y aun así encontrarla.

“Hot sale”… Promoción exclusiva.

Comienzo mi segunda semana de entrenamiento. Las piernas bien. Me sorprendo con lo que dice mi reloj. Al parecer, estoy en óptimas condiciones para entrenar, “Pico de forma”, dice el Garmin. Me siento bien, aunque en breve, sé que comenzaré a sentir más cansancio. Si recuerdo bien, ese cansancio comenzará en la semana ocho de dieciocho. El cuerpo comienza a reclamar. A pedir a gritos descansos. Pero logra sin paralizarse seguir entrenando. Entiende que no es el momento para descansar. El límite del sobre-entrenamiento es a lo que jugamos para mejorar. Una delgada línea que hay que cuidar para llegar con plenitud al maratón. Así en la vida, ese límite superado te hace crecer.

Mi hermano se ha sumado a mis entrenamientos. Siempre compartiendo locuras. Yo comencé a correr por él. Somos vecinos. Corremos en la colonia, nos vamos apoyando con las pisadas, con los espacios de hidratación, con el ritmo, con el ánimo, con la sonrisa. Cuidándonos de los vehículos, a veces aún la gente no tiene la cultura de manejar con el cuidado debido; menos aun de ver a unos corredores en la madrugada, sin luz. Entre los dos no hay quejas, solo ánimo. Eso ayuda a ver solo hacia la meta; no recular en el camino, al objetivo, Berlín. De premio después de correr, me digo, un café con mi madre; si el tiempo me da la oportunidad, una charla de unos cuantos minutos; siempre son insuficientes. Decimos, “te cuento algo rápido”, después, lo mismo, ya no nos para la boca. Comemos palabras por los oídos y desprendemos otras por la boca, somos voraces de saber de nosotras; con una rapidez como pocas veces logro hacer las cosas. Soy lenta, pausada; con mi madre y sus pláticas, me vuelvo otra, me motiva. Ponernos al día; entre respiro y respiro, un sorbo de café, recién hecho; café hecho por mi hermano. En estos tiempos de entreno, se me ocurre que puedo robarle al tiempo un poco de respiro, estar más tiempo con los míos; son cosas que hago o al menos intento. Estos momentos con mi madre los guardo en mi mente. Me desdoblo para vivir el presente y a la vez, guardar en una compuerta del mundo de los recuerdos los momentos que quiero inmortalizar. Entrenar despeja la mente. Lo que antes era un problema, ahora lo sigue siendo, no es magia; los problemas no desaparecen; pero puedes ver a lo lejos la alternativa de solución. Abre dimensiones. Encuentras en la oscuridad la luz, esa que te conduce irremediablemente a la salida. A la salida correcta.

Ayer me contaron un chiste que no voy a repetir, soy mala con los chistes, no tengo gracia. Pero me sigo acordando del chiste; hoy mientras manejaba me iba riendo. Cada vez más fuerte. Sería tan bueno el chiste o el chiste no viene solo, sino que recuerdas justo el momento en que te lo contaron, recuerdas cómo lo hicieron, quién te lo contó, en dónde estaban, qué platicaban previo a, el sonido de la risa, de las carcajadas; los músculos de la cara distorsionada por la alegría, por esa libertad de sentirse feliz. Además, la estampa de ese momento; puedo, incluso si cierro los ojos, verme riendo, hasta con dolor de panza; no puedo poner pausa a la fiesta que me he creado. Hoy mientras estaba en un embotellamiento, muchos choques delante de mí, al menos cuatro, iba con la música a volumen cantador; iba riéndome del chiste. Traté de contarlo en la oficina y no pude, solo de recordarlo ya me estaban saliendo unas lágrimas de risa. Hay botones de felicidad, no lo sabía. Están ahí pero siempre debes de encontrar la fórmula para acceder a ellos. Este chiste fue un botón que no sabía que tenía; de pronto, se pulsó.

La vida es un chiste; hay que saber entenderla para contarla y transmitirla de la manera más divertida. Si no se puede transmitir, al menos saber qué es divertida. No es que nos cause gracia todo; no es dejar de ver en la vida la seriedad que representa. Es encontrar en las situaciones, el ápice escondido que nos hace vislumbrar, aunque sea de una manera borrosa, que hay algo que vale la pena, para todos los sentimientos, incluso para la furia, desagrado, miedo y tristeza. A veces uno tiene una vista perfecta, no hay dioptrías que te impidan ver; otros necesitan ayuda, no lo saben, requieren artilugios para que su vista fije la imagen; otros ya fuimos al oftalmólogo, nos diagnosticaron vista cansada; la solución sugerida, lentes adecuados para ver de cerquita. Por eso, considero que, puedo entender tan bien los chistes. Mis lentes son especiales para retener estampas y entender chistes que nadie entiende más que yo, ¿Serán malos los chistes? Posiblemente… Aunque no creo, me hacen llorar de risa. Hoy con mis lentes nuevos, ya veo de cerquita los chistes; me he descubierto con vista de águila, con mueca de boba feliz. Mis lentes; mi sonrisa; mis estampas; mis recuerdos; mis mejores adquisiones, han sido promoción exclusiva; tan exclusiva que no entran en la oferta del momento… en la oferta “hot sale”.

Olfato de perro…

Día 4, trote ligero en ritmo y tiempo. Mi zona 3 de 5 comienza a mejorar. Antes solía ser zona 5 que significa que mi corazón se está desprendiendo de mi cuerpo. Hoy ya no, ya está en su lugar. Ha mejorado. En un entrenamiento la vida también se va acoplando a los nuevos ritmos. Al principio cuesta trabajo; todo cuesta trabajo, lo que vale la pena cuesta trabajo. La vida vale la pena. Entonces sabemos que cuando algo cuesta, lo vivimos. Nos comemos la experiencia.

Mientras escribo veo a mis hermosas peludas bigotonas perras, son tan diferentes; se complementan entre ellas, se complementan conmigo y yo con ellas. No sé si ellas se hicieron a mí o yo a ellas. Somos parecidas. Estamos mimetizadas. A veces camuflajeadas. Nos diferencia el cuerpo y el color. Aunque de ojos las tres tenemos el mismo brillo. El mismo fuego. A veces, llámenme loca, siento que con la mirada y sus ruidos me gritan qué hacer. Sí que gritan. También hay sus grandes momentos en que con esos ojos de perro tierno me lo dicen todo. Son mis compañeras de vida. Al releerme pareciera que llevo por ello una vida triste en soledad, pero conmigo misma lo que menos me siento es sola; la soledad tampoco es triste y la tristeza tampoco es mala. Soy una caja parlante de ideas. No me dejo en paz ni un solo momento. Hasta cuando no hablo. Me parece que ahí es donde más me platico cosas. Las charlas en silencio, son mi especialidad. El humor negro, otra. Trato de limitarme porque ese humor no es de muchos. Para mí es fascinante. Un arte. Cultura con sarcasmo. Gente para platicar con tintes “tarantinezcos” es el truco de magia perfecto.

Me gusta mucho la gente, verla de lejos me gusta más. Tener un espacio y decidir quién puede entrar en ese círculo, como esfera cómica que me he trazado. Podría leerse raro, pero soy elitista. Elitista en búsqueda de talento. No para contratar gente, ojalá tuviera entre mis poderes esa magia de luchar en contra del desempleo; hoy no la tengo. Posiblemente la tenga. Hoy no está. Sería otro sueño. El talento que busco es el que ni los que he encontrado, ven en ellos. Ese es el perfil de gente que encuentro sin buscar; la que sabe lo que vale, no. Bien por ellos, no necesitan quien los descubra. Solomon Asch, psicólogo polaco estadounidense haciendo experimentos podía descubrir y potencializar qué gente con IQ promedio, al creerse (por un posible engaño) tener un IQ más elevado, comportarse como tal.

Es descubrir quién tiene algo que no ha visto, no conoce; un regalo que tiene guardado, alguien lo dejó, ellos no sabían, de pronto aparece. Imaginemos que vamos a su casa y encontramos ese regalo escondido, en un clóset. ¿Por qué nos metimos al clóset? No sé, al estar imaginando todo es permitido. Solo imaginen. En eso encontramos una cajita. Imaginemos esa cajita de olinalá. Sí con madera blanca con olor a tierra mojada. Con olor a historia. Con olor a ver cómo los artesanos la trabajan. Con olor a Guerrero. Con olor a mi padre. Con olor a mi infancia. Pues bien, regresando a esa caja hermosa, me distrajo tanta belleza. Yo invitada imprudente a una casa de un extraño, retomo, abro el clóset; husmeo, revuelvo y en eso encuentro esa caja de arte sureño. Inmediatamente voy con cajita en mano, se la entrego, él lo abre, sorprendido igual que la intrusa, yo; entonces se da cuenta de un regalo que no conocía. El regalo es un “super poder”, ahora ya sabe que lo tiene y lo utiliza. Amo meterme a las casas, a los clósets y poder entregar esa caja escondida. Amo ver las caras al entregarles esa cajita. Amo ver lo que hacen con sus cajas. Tengo suerte de que me abran la puerta de su casa. Lo demás, digamos que es solo olfato. Un olfato a la madera de olinalá. Un olfato de perro, así como el que tienen mis compañeras de vida. Jaja… Solo me falta ladrar…

Beber triunfo o derrota…

Tercer día de entreno, ayer fue descanso, así suelen ser los miércoles; aún no sabe a tanto; el cuerpo al no sentirse tan cansado no valora tanto el día; como todo en la vida, se valora de lo que se carece, cuando no, a veces no se advierte; la necesidad nos hace apreciar muchas veces las cosas. El cuerpo, al menos ayer, no sintió que merecía una pausa, pero debe tomarla. Es parte del entrenamiento, el descanso. Se sigue todo al pie de la letra. Hoy se puede, se hace. Se disfruta.

Me pasó, jueves de hacer series; calentamiento, 15 minutos ritmo trote, 9 series intensas, descanso entre cada una, enfriamiento; una hora 15 minutos aproximadamente. Me sorprendí con cara de asustada mientras leía mi entrenamiento. La mente nos juega en contra. El cuerpo superó a la mente. El resultado, mejor de lo que hubiera imaginado. La imaginación no siempre es buena, te lleva, a veces al lado no iluminado.

Es poco el tiempo libre que he tenido; entreno, trabajo, escritura; todo ocupa mi tiempo; son pocas las horas que se tienen, desproporcionadas con todo lo que uno quisiera hacer. He pensado que ese podría ser un deseo, que mis días fueron de más horas, tengo el deseo, pero no a quien pedírselo. Me daría tiempo para tres cosas que a veces descuido, ver a gente querida, descansar más, platicar mucho. No te tenido tiempo de ver una serie o película, que tanto disfruto. Además, que cuando intento iniciar alguna, simplemente la temática, música o actuación no ayudan. No soy una crítica especializada; ni crítica sin especialización, ni especializada sin más; aprecio cuando algo es de excelencia. Mi parte cognitiva queda atrapada a los minutos (¿segundos?), sabe que será un buen viaje al que he incursionado y que bien vale la pena; hasta me busco el tiempo para continuar, le pido prestado tiempo a veces al sueño; las ojeras lo valen si eso que atrapa nuestra atención puede hacer que se olvide todo; guiones que valgan la pena. Tengo tantas series comenzadas; pienso, entonces, que son como a la gente que conoces. Las tratas, caen bien o mal; caes bien o mal; no somos monedita de oro, dicen por ahí; pero de ahí a que conociendo a alguien “conectes”, es complicado, es una suerte de alineación de astros; es magia.

Lo mismo me pasa con las series, películas, libros; busco de forma desesperada algo que me sorprenda. Cuando lo encuentro no lo suelto, así con las personas. Las personas que forman parte de mi vida son admirables. Hay algo en ellas que hacen el diferencial. Muchas veces me sorprendo cuando no me ven, viéndolos; ya me conocen, no los asusto, me gusta ver a mi gente, observarla, ver sus rasgos al hablar, tratar de grabarme su voz, advertir en ellos la fortuna de tenerlos a mi lado, ver su risa, tocar con manos imaginarias sus gestos, reírme de su lenguaje no verbal, escuchar sus historias, hacer una nueva historia con una nueva charla y quedar para vernos muy pronto. Los fijo; mi mente lo hace; cuando transitan entre desconocidos a conocidos, me es difícil recordar sus rostros. Sé que forman parte de mi vida cuando ya puedo cerrar mis ojos y verlos. Mi mente también me indica cuando pasan a formar parte en mi corazón. Tengo mala memoria para muchas cosas, en otras, bloqueo lo que no me ha hecho bien; tengo muchas imágenes, aunque no tantas, de gente que amo, en mi mente. Siempre puedo recurrir a ellos; ellos no lo saben, pero siempre están. Me gusta unir personas favoritas con actividades que disfruto; leer, compartir libros, regalarlos, platicar; ver una película o serie, hasta la plática y discusión de éstas es imprescindible; tomar café, el brebaje que me ayuda a arreglarlo todo. Le decía a un amigo hace tiempo: ¿quieres una bebida de triunfadores o un té de perdedores?… se reía, su risa significaba que lo atrapaba en mi mal chiste. Era obvio, entonces, lo que ambos debíamos pedir y degustar juntos… beber triunfo o derrota, fácil elección…

Enseñanzas de Forrest Gump…

Día 2. Ha sido un día complicado, iniciar con farlek, un reto. Se corre menos tiempo, el corazón se lleva al límite, Este ejercicio nos hace recordar que así solemos llevar nuestro corazón, muchas veces. El farlek ayuda a preparar el corazón, a bombearlo, a que crezca. A preparar mente. A superar límites. Tus límites. Esos autoimpuestos, esos mal entendidos. El farlek te invita a salir de una vida cómoda, del ritmo constante. El farlek es el claro ejemplo de vencer miedos; de sorprenderte, de muchas veces admirarte de lo que puedes lograr. De salir de esa caja de confort. De no saber cómo, pero lograrlo. La dedicación no ha sido en vano; rinde frutos, siempre. Dicen los sabios, dolor contra satisfacción, el primero es instantáneo; el segundo perene. La mar de las veces ese cambio de ritmo es una prueba a escala de la película de suspenso de la vida.

Los corredores tenemos formas diferentes de estudiar, analizar y ejecutar los entrenamientos. Algunos, entiendo que los más “pros”, visualizan su entrenamiento desde antes. Se prepararán, para dormir pensando en el día siguiente, en sus logros. Muchos estudian su programa desde semanas atrás. Hace unos tantos años yo, “by the book” revisaba mi entreno antes, lo visualizaba. No fue idóneo, conseguía preocuparme de más; el reto de mañana lo veía como un problema insuperable. Me preparaba una noche antes para fracasar. Yo boicoteaba el entrenamiento, la preocupación de no lograrlo era mi límite, mi derrota, mi toparme con pared. Me cansaba antes de intentarlo. Me defraudaba. Mi mente me ayudaba a ver el cómo había muchas formas de no lograrlo. Entonces, decidí jugar con mi mente. Cambié la estrategia. 

Aliada de mi mente; no la inquieto; la dejo vivir el momento. El momento es el día del entreno. Caliento el cuerpo y corazón. Sorprendo a mis piernas. Hago que mi mente resuelva en el momento. Tal como muchas veces resuelves todo, trabajo y vida. Sobre pedido se resuelven los problemas; nadie nos avisa que va a surgir un problema, surge; entonces se abocan todos los esfuerzos, se resuelve, se logra.

Dicen que en un segundo puede cambiar tu vida. Eso hago para entrenar. Dejo que la sorpresa de la instrucción del entreno también ayude a aleccionar la rapidez en la concentración; en este caso el problema por llamarlo de alguna manera a resolver, es el objetivo planteado. Esa forma de enfrentarme al día del entreno me ayuda a prepararme para la vida; a saber, que, la constancia del cambio es holística e infinita; que en cualquier momento puede haber un cambio de contexto que, en lugar de trastabillar, me de fuerzas; que mis piernas estén más afanosas que antes para no tropezar; y que si al enfrentarme a algo no previsto resbale; me pueda levantar y seguir. Tal como se hace para vivir. 

Entrenar para un maratón, es aprender a sortear las vicisitudes de la caja de bombones, que un buen corredor como “Forrest Gump”*, nos enseñó sabiamente a escoger y a disfrutar; con la única instrucción de asumir al elegir, la compañía inseparable de la magia que nos brinda la enigmática sorpresa.

*Forrest Gump/ Película 1994.

El primero de muchos días… aunque no tantos…

Se comienza, hoy, entrenamiento para el “BMW Marathon Berlin 2022”… mi semana 1/18. Mi primer entreno de 124 días; el día 125 será “El Día esperado”. Hace unos maratones había tenido la intención de escribir una especie de memorias de esta preparación, preparación de mente, de cuerpo, de espíritu, de emociones; con sus contras, que siempre las hay; no siempre se está de ánimo para, el humor cambia, los días no siempre son tus aliados.

Me ha llegado el momento, escribir esto; antes encontraba pretextos para no hacerlo, hoy me siento obligada a compartirme esto, mis memorias de runner, a lo peor me servirán para el que siga, de seguro me servirán después para divertirme, preparo en un futuro buenas risas recordando esto. Después de dos años de posponer este maratón por pandemia; este año, al parecer, será posible. ¡Espera!… En las noticias se ha dicho que “Alemania ha detectado cuatro casos de viruela del simio; autoridades sanitarias de dicho país podrían introducir cuarentena”; ufff pienso…, comienzan las emociones; preparar una carrera de fondo es apostar a que lo que depende de uno; por un lado: los hábitos, horarios, sueño, desmañanadas, la alimentación; muchos hablan de sacrificios; por otro lado, alinearlo con la posibilidad de que el país al que acudirás, pueda permitir que se realice; viene a mi mente irremediablemente Tokio 2019, en donde nos alertaron que hasta las 5:00 a.m. del día de la carrera nos anunciarían si había condiciones para realizar o no el maratón; una tormenta de nieve, nos jugaba el suspenso a 50 mil corredores; pensaba cuando recién había llegado al aeropuerto Narita, ¿si se cancela?… la eterna pregunta que nos hacemos en estos eventos deportivos; la respuesta es simple, no pasa nada, se vuelve a intentar, lo complicado que se hace es el entrenamiento y ese ya se logró.

Las circunstancias en el mundo no se encuentran bien, históricamente no se han encontrado bien, desde hace mucho; me pregunto, ¿es posible de una forma egoísta encaminar esfuerzos para una meta, muy a pesar de todo lo que pasa?; virus, enfermedades, pobreza, guerras, sufrimiento, ¿se puede ser tan indiferente al dolor y solo correr?; pero pienso, el decidir correr o no, escapa de la solución a estos temas, duelen (sí que duelen), pero no paralizan; las cartas están echadas, se sigue con la mira en la nueva meta: maratón en puerta; piernas en preparación; mente alerta; emociones en subida y bajada; respiración más consiente; braseo adecuado para el movimiento de piernas; cuerpo ligeramente inclinado, según lo dicte el ritmo. La Puerta de Brandenburgo, que hasta hoy no conozco, es la imagen con la que despierto y me duermo. Lista estoy para reconocerla en algunos meses.

Visualizo ese día, 25 de septiembre; ya estoy ahí, mucha gente feliz, los nervios no existen, se quedaron en los entrenamientos; hoy es día de fiesta, celebración absoluta, de cumplir la meta; de revisar que tu entrenamiento haya sido el adecuado, de vivir el viaje, de conocer el país que nos recibe, de intercambiar sonrisas, de hacer cómplices que posiblemente no vuelvas a ver; de vivir la fiesta del logro, de un sueño más cumplido; de ver a los grandes maratonistas; de competir contigo mismo; de saber que eres un ganador, porque se ha logrado cumplir una meta personal más.

Comienzo este relato, estas reflexiones, sabiendo que un entreno de maratón es el símil de la vida; la meta está, pero los días que preceden a éste, los días que me faltan por, que, aunque no son tantos, podrían hacer la diferencia, incluso de la meta propuesta. Comienza hoy el entrenamiento de una etapa más de la historia de mi vida. Faltan muchos días, me digo… no tantos para desviarse en el camino, me contesto. Hoy todo sigue su camino. Vamos por ti Berlín. Por ti “Puerta de Bradenburgo”, por ti “Río Spree”, por la “Torre de la Televisión”, por el “Museo de Pérgamo”, por el “Reichstag”; comeré Berlín a través de ti “Currywurst”, “Eisben”, “Schnitzel”, “Bretzels”, “Kartoffelpuffer”, “Königsberger Klopse”, “Kartoffelsuppe”, “Berliner Pfannkuchen”, “Apelstrudel”. Te beberé y agradeceré tu hospitalidad a través de tu tan conocida cerveza alemana: “Köning”, “Weihenstephan”; “Paulaner”; “Schneider Weisse”; “Agustiner Helles”; “Weihenstephaner Korbinian”; “Bitburger Premium Pils”, “Franziskaner Hefe-Weissbier”; cerveza que hoy ya estoy saboreando… ¡Quiero probarlas todas!. Quiero comerte a mordidas Berlín!