Corazón de perro ❤️+🦮🦮🦮

Un martes de entreno salvaje. Bien logrado. Comienzo a tener más hambre de la normal. La saciedad se irá modulando conforme se intensifican las semanas. Uno va aprendiendo a escuchar a su cuerpo. También indica el cuerpo cuándo debes de comer, cuánto y con qué alimentos te sientes mejor. Es la mejor forma de nutrirte: prueba-error. Vas sabiendo qué alimentos te hacen mejor que otros. Sin perder de vista que la proteína es esencial, la fruta, verdura. Regresas a lo primario, no condimentado, sin grasa… a lo natural. Parece no divertido, pero cuando te das cuenta que eso potencializa tu cuerpo, sí que lo es; agradeces comer sano. Hidratarte. Piensas mejor. Uno va aprendiendo que los alimentos se vuelven tus aliados, solo si eso es lo que quieres. Otra forma de aprender a conocerte… a reconocerte.

Hace dos años se fue mi compañera peluda que me acompañó por casi tres lustros. Un 31 de mayo, mientras yo trabajaba un domingo; ella me miraba fijamente, como siempre. Me hipnotizaba con su mirada. Su camita, recuerdo, siempre trataba de que estuviera a unos pasos de mí, todo el tiempo pegada; sobreviviente de cáncer en dos ocasiones, amante de las pelotas, sobre todo en movimiento; bien pudo ser la perra “pichichi”; una pelota y todo para ella era una fiesta; nos solíamos salir al patio a jugar, debía delimitar el tiempo porque ella nunca se cansaba. Tenía su agua, un gran tambo de agua; cuando quería tomar tiempo de descanso, le fascinaba meter su pelota y enjuagarla; metía toda la cabeza para refrescarse y sus cojinetes también los refrescaba, una labradora nadadora; fue esterilizada y eso hizo que engordara, por lo que debía cuidar con esmero sus articulaciones. Su peso no era un impedimento para seguir jugando. Cuando estaba cansada, tomaba una de sus pelotas y la escondía, la abrazaba como “Teddy Bear”. Sé que soñaba en un cielo de pelotas en movimientos, hasta en sueños veía que sus patitas hermosas se movían. Nunca paraba de jugar. Mi hermosa perra pachona no dejó nunca de divertirse, parte de su diversión era quererme. Sin duda yo la amaba. La amo. En el amor no hay línea de vida. El amor es perenne.

La pandemia si bien ha sido devastadora, dolorosa; para este ser hermoso “Nicky”, fue una oportunidad para tenerme a su disposición todo el día. No sabía que había pasado, yo ya no me ausentaba para ir a trabajar, todos los días eran fines de semana, sus momentos más felices; no imaginaba que a tan solo unos meses del “encierro apocalíptico” iban a ser nuestros últimos momentos juntas; estoy segura haberla disfrutado lo más que se pudo; lo más que el tiempo me permitió. Acomodaba siempre su carita hermosa en una posición en que podía observarme, vigilarme. Yo la vi, seguí trabajando; de pronto sentí que algo pasaba con ella, comencé a hacer ruidos; me dije, está muy cansada, sigue dormida; no podía aceptar su partida, seguí hablando con ella. Sospechaba que no me escuchaba, me decía shhh!!!!duerme; no quería dejar de hablar. En el momento en que dejara de hablar, ese monólogo que solía tener con ella, entonces estaba reconociendo su inminente muerte. ¿Qué fácil es no apegarse a la realidad? Una vía rápida… fácil; difícil retomar el camino de la ausencia, el de la ruda realidad, el del rompecabezas incompleto. Llegó su veterinario; ese que la había salvado de varios achaques, aventuras, infecciones: un infarto fulminante, me dijo; no se hubiera podido hacer nada; con esas palabras mal logradas intentaba colmar mi llanto. Era su momento de descansar, insistía. ¿momento de descansar?, yo me decía… ¿cuándo es ese momento?

Comprendes, entonces; ese momento solo “es”; nadie opina, no hay democracia, no hay votaciones; solo es y en consecuencia hay que aceptarlo. ¿qué el tiempo lo cura todo?, no es cierto; te ayuda solamente a aceptar la ausencia. El hueco sigue y seguirá, el tiempo no completa la ficha que falta; solo se aprende a ver la ausencia como algo que fue y ya no es; no será, nunca más; recuerdas, entonces lo bello que fue coincidir. Hoy tienes nuevas peludas; a todas las amas; todas con un amor infinito y diferente. Hoy rememoro a mi peluda futbolista; desde temprano te llevo tan presente y en tu honor Tina, Palomita y yo salimos hoy a pasear en la mañana; mientras paseábamos les platicaba de ti, de nuestras aventuras juntas. De que no solo tengo mis corazón de perro repartido en dos, sino en tres… mi corazón está ocupado por ellas; y no tengo ojos para ninguna orejona más que para ellas. Les digo; entonces, paran sus orejas, mueven las colas, se acercan, me llenan de pelitos y parece que me entienden; si tuvieran brazos sé que nos daríamos el abrazo más apachurrado que pudiéramos darnos; acaba ese momento con dos perras boca arriba con la panza al descubierto esperando su masaje, caricias; lo exigen, me encanta; pelean entre ellas por ver quién es la más consentida de las dos… las dos lo son; me divierte que ellas crean que tengo preferencia por alguna. No saben que mi corazón de condominio perruno es de ellas. Solo de ellas. Condominio vertical. No horizontal. Con tres departamentos llenos de pelos.