“Hot sale”… Promoción exclusiva.

Comienzo mi segunda semana de entrenamiento. Las piernas bien. Me sorprendo con lo que dice mi reloj. Al parecer, estoy en óptimas condiciones para entrenar, “Pico de forma”, dice el Garmin. Me siento bien, aunque en breve, sé que comenzaré a sentir más cansancio. Si recuerdo bien, ese cansancio comenzará en la semana ocho de dieciocho. El cuerpo comienza a reclamar. A pedir a gritos descansos. Pero logra sin paralizarse seguir entrenando. Entiende que no es el momento para descansar. El límite del sobre-entrenamiento es a lo que jugamos para mejorar. Una delgada línea que hay que cuidar para llegar con plenitud al maratón. Así en la vida, ese límite superado te hace crecer.

Mi hermano se ha sumado a mis entrenamientos. Siempre compartiendo locuras. Yo comencé a correr por él. Somos vecinos. Corremos en la colonia, nos vamos apoyando con las pisadas, con los espacios de hidratación, con el ritmo, con el ánimo, con la sonrisa. Cuidándonos de los vehículos, a veces aún la gente no tiene la cultura de manejar con el cuidado debido; menos aun de ver a unos corredores en la madrugada, sin luz. Entre los dos no hay quejas, solo ánimo. Eso ayuda a ver solo hacia la meta; no recular en el camino, al objetivo, Berlín. De premio después de correr, me digo, un café con mi madre; si el tiempo me da la oportunidad, una charla de unos cuantos minutos; siempre son insuficientes. Decimos, “te cuento algo rápido”, después, lo mismo, ya no nos para la boca. Comemos palabras por los oídos y desprendemos otras por la boca, somos voraces de saber de nosotras; con una rapidez como pocas veces logro hacer las cosas. Soy lenta, pausada; con mi madre y sus pláticas, me vuelvo otra, me motiva. Ponernos al día; entre respiro y respiro, un sorbo de café, recién hecho; café hecho por mi hermano. En estos tiempos de entreno, se me ocurre que puedo robarle al tiempo un poco de respiro, estar más tiempo con los míos; son cosas que hago o al menos intento. Estos momentos con mi madre los guardo en mi mente. Me desdoblo para vivir el presente y a la vez, guardar en una compuerta del mundo de los recuerdos los momentos que quiero inmortalizar. Entrenar despeja la mente. Lo que antes era un problema, ahora lo sigue siendo, no es magia; los problemas no desaparecen; pero puedes ver a lo lejos la alternativa de solución. Abre dimensiones. Encuentras en la oscuridad la luz, esa que te conduce irremediablemente a la salida. A la salida correcta.

Ayer me contaron un chiste que no voy a repetir, soy mala con los chistes, no tengo gracia. Pero me sigo acordando del chiste; hoy mientras manejaba me iba riendo. Cada vez más fuerte. Sería tan bueno el chiste o el chiste no viene solo, sino que recuerdas justo el momento en que te lo contaron, recuerdas cómo lo hicieron, quién te lo contó, en dónde estaban, qué platicaban previo a, el sonido de la risa, de las carcajadas; los músculos de la cara distorsionada por la alegría, por esa libertad de sentirse feliz. Además, la estampa de ese momento; puedo, incluso si cierro los ojos, verme riendo, hasta con dolor de panza; no puedo poner pausa a la fiesta que me he creado. Hoy mientras estaba en un embotellamiento, muchos choques delante de mí, al menos cuatro, iba con la música a volumen cantador; iba riéndome del chiste. Traté de contarlo en la oficina y no pude, solo de recordarlo ya me estaban saliendo unas lágrimas de risa. Hay botones de felicidad, no lo sabía. Están ahí pero siempre debes de encontrar la fórmula para acceder a ellos. Este chiste fue un botón que no sabía que tenía; de pronto, se pulsó.

La vida es un chiste; hay que saber entenderla para contarla y transmitirla de la manera más divertida. Si no se puede transmitir, al menos saber qué es divertida. No es que nos cause gracia todo; no es dejar de ver en la vida la seriedad que representa. Es encontrar en las situaciones, el ápice escondido que nos hace vislumbrar, aunque sea de una manera borrosa, que hay algo que vale la pena, para todos los sentimientos, incluso para la furia, desagrado, miedo y tristeza. A veces uno tiene una vista perfecta, no hay dioptrías que te impidan ver; otros necesitan ayuda, no lo saben, requieren artilugios para que su vista fije la imagen; otros ya fuimos al oftalmólogo, nos diagnosticaron vista cansada; la solución sugerida, lentes adecuados para ver de cerquita. Por eso, considero que, puedo entender tan bien los chistes. Mis lentes son especiales para retener estampas y entender chistes que nadie entiende más que yo, ¿Serán malos los chistes? Posiblemente… Aunque no creo, me hacen llorar de risa. Hoy con mis lentes nuevos, ya veo de cerquita los chistes; me he descubierto con vista de águila, con mueca de boba feliz. Mis lentes; mi sonrisa; mis estampas; mis recuerdos; mis mejores adquisiones, han sido promoción exclusiva; tan exclusiva que no entran en la oferta del momento… en la oferta “hot sale”.

3 comentarios sobre ““Hot sale”… Promoción exclusiva.

  1. La vida llena de momentos bellos y otros no tanto, pero creo que sí hay esos botones que no sabemos en que momento pero de pronto los apretamos y ahí esta la magia… Ya sea un chiste o de algún anécdota familiar la risa acompaña esos momentos mágicos de la vida.

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