Día de Strudel y helado de vainilla

No hay palabras, solo recuerdos, los mejores, ¿te acuerdas cuando me recogías de la escuela, muchas veces lloraba en las escaleras de la casa… te acuerdas?, ¿cuándo me regañabas?, ¿cuándo me ayudabas con mis tareas? ¿cuándo ibas a nuestros fines de curso? ¿cuándo esperabas que saliera de mis exámenes de mi carrera para saber si había pasado? ¿cuándo nos hacías fiestas de cumpleaños e invitábamos a nuestros amiguitos?, siempre espagueti, hamburguesas y pastel, todo hecho con tus manos hermosas, ¿te acuerdas? ¿cuándo nos íbamos de vacaciones? Esos son momentos tan de un tiempo determinado. Hubo una fecha, una hora, no tengo esa precisión, pero sí que lo hubo. Me gusta regresar a ellos, son un tesoro, mi lugar seguro.

Si te pregunto, ¿te acuerdas cuándo te hacía sentirte orgullosa? ¿te acuerdas cuando me has querido? ¿te acuerdas cuando me has perdonado? ¿te acuerdas cuando me has apoyado? ¿te acuerdas cuando te has reído de mis malos chistes? ¿te acuerdas cuando te cuento algo y me pones atención? ¿te acuerdas cuando concilias algo? ¿te acuerdas cuando me has tenido paciencia?… Esos momentos son nuestros, no puedo ni enumerarlos, ni ensuciarlos con palabras que no serían suficientes; existieron, desde siempre, nunca han visto el fin, sigues a mi lado. Trato de cuidarte para que así sea. Desde que tengo conciencia has sido una constante: un abrazo; una palabra; una mirada; un bacalao (el mejor… el único); un pollo con pasitas; un pollo con col; un mancha mantel; un caldito de pollo; un caldo de camarón; un mole de olla; un pipián; un mole negro; unas bolitas de masa; un pastel de harina de hotcakes; un pozole; unas tortitas de plátano, o de papa; un arroz rojo o blanco (que no te sale tan bien y que me encanta molestarte); un arroz con leche, una cena de navidad con su mesa bien puesta; una preparación de año nuevo (vienen todos tus hijos, debe ser perfecta); una celebración cualquiera, un cumpleaños, una comida de sábado o de domingo; un ¿qué necesitas?, un ¿estás bien? Un ¡ay hija me preocupas!… 

¿Qué te digo que no sepas?, hoy todo lo sabes de mí; porque te lo comparto, porque lo adivinas, lo investigas o sabes hacer las preguntas adecuadas, juntas piezas; nadie se escapa de ti; yo no, tampoco quiero escapar. Sin menospreciar el día, hoy me es un fin de semana atípico en el que nos reuniremos como un pretexto más, para saludarnos, reír, platicar de las series, pelis, las que vemos, las que recomiendan, de los chismes, de hacer cosas “normales”; se abre la oportunidad de molestarnos todos, quejarnos de algo, comer posiblemente pay de atún y ensalada; abrazarnos, decir tonterías, muchas; que, sin duda, suele ser nuestra especialidad. Es día de strudel con helado de vainilla. Sin duda eso es lo que hace al día diferente, una celebración. Todo lo demás de fiesta y algarabía para mí es de todos los días, nuestros sábados y domingos familiares.

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