Budismo… Causa-efecto

Cumplo veintiún días de haber comenzado a escribir, posiblemente se ha vuelto un hábito. Aunque tenga muchas cosas que decir, a veces los días no son buenos para escribir y menos aún algo que pueda publicar, pero los días malos pueden ser para cualquier cosa que emprendamos, simplemente no llega la inspiración y nuestro trabajo se torna torpe. Escribir me parece que no es el problema, es escribir sin que parezca que tienes voces que te gritan (muchas) ideas al mismo tiempo. No es una confesión de que escucho voces, es una declaración de tener, a veces, muchas ideas, peleándose por ser una peor que la otra.

No hay pena porque me lean; no hay pena de ver a la cara a la gente que me lee, aunque no siempre me gusta lo que escribo, tampoco siento vergüenza de releerme, algo que pasaba recurrentemente; antes de iniciar este proyecto, no había dejado que nadie me leyera, fue un gran consejo de alguien a quien quiero, solo salté y me dejé ir.

¿Se pueden acabar las ideas? posiblemente, deberían sobrar las ideas que surgen por día, las (des)aventuras que nunca faltan, pero el caso es que así evidenciamos la monotonía de la vida, ¿qué se escribe cuando siempre se hace lo mismo?. La escritura ayudará incluso a tratar de hacer cosas distintas. Mi mente que sea mi única prisión, incluso de esos días grises.

Hoy pasa nada fuera de lo común, ni en el café he visto a alguien del que quiera comentar, todo está en el mismo desorden de siempre, el aire; todo quieto, en armonía. Busco algo para recordar. Los recuerdos han ido cobrando dimensiones y posiblemente ahora esos recuerdos ya estén alejados de lo que es la realidad. Si el recuerdo es de un libro y tengo dudas, habrá que releerlo; si es una película, se vuelve a ver; pero ¿qué pasa si es del pasado, de nuestro pasado? Posiblemente no habrá testigos fidedignos de lo que realmente sucedió. Esto es recurrente cuando en casa platicamos, todos tenemos versiones en donde hay cambios sustanciales. Personas distintas participaron, se dijeron cosas que cambian el sentido, llegamos a distintos acuerdos, de ahí surgen otros recuerdos, otros temas, el hoy; pero siempre con la verdadera duda, ¿quién tiene la razón? ¿qué es lo que realmente pasó?

Viene a mi mente, irremediablemente, una película que vi hace unos meses; hace unos años la había visto; verla nuevamente me hizo pensar en este ejercicio de los recuerdos distorsionados, no solo porque cambió el cómo la recordaba; importa incluso con quién se ve, el momento en que se esté pasando, esa es la clave para abstraer ese recuerdo, todos los recuerdos. La película trata de cómo uno puede distorsionar los recuerdos, la razones pueden ser diversas: por falta de memoria, una muy recurrente; otras, los mecanismos de defensa para que ese recuerdo lo conduzca por el camino correcto en donde la estampa haga menos daño en un futuro, el hoy presente; daño menor del que causó en su oportunidad, te hablo de: “El sacrificio del ciervo sagrado”.*

Trata de las consecuencias de nuestro actuar, el Karma; en tener que elegir a uno de tus seres queridos para que sobre esta persona y elección, se pueda obtener el Dharma, y alcanzar con ello una nueva oportunidad. Lavar tus errores, ocasionando un caos en tu vida. Pero sabiendo que después de ello y sin poder volver a vivir, te permitas seguir sobreviviendo con culpa, no ya por el pasado, sino por la presente; expiando las culpas para ti y los tuyos del pasado con una resta que pretende ser vista como un aprendizaje de vida. Restas para sumar. Matemática confusa. Las culpas que matan de forma literal.

No la recordaba tan cruda, tan estresante; a penas que la volví a ver, me dejó una angustia, ansiedad; sin contarla, pero invitándote a; el padre debe elegir qué vida debe de dar a cambio para limpiar sus errores. La solución es fácil pero cruel. Su elección debe ser rápida; en caso contrario, no podrá proteger a los demás. Escribo estas líneas y vienen a mí imágenes de la película, sobre todo la escena del sillón; en la sala familiar se desarrolla la escena más alejada a la tranquilidad y seguridad que tantas veces se busca en ese lugar acogedor de la casa. En un pasado se sentaban a platicar, hoy se derrama la tragedia, la elección de la vida o la muerte; de la angustia o tranquilidad; la tranquilidad que es a lo que se aspira, a lo que yo aspiro. Para algunos sería fácil decidir, si en un camino hay una señal que dice muerte, lo más seguro es que nuestros pasos se desviaran al camino contrario; pero si en el camino en dónde una elección se debe de tomar, no es tan claro si es el camino de la vida o la muerte; nuestras elecciones poco seguras, se vuelven, entonces, balbuceos de voluntad en donde el tartamudeo de movimiento podría llevarte al camino incorrecto. De esto se trata. El camino que se elige desde el principio, para poder encontrarse con las opciones correctas.

Es una película que trata con actuaciones supremas de: aciertos, amor, compromisos, confianza, culpas, Dharma, desamor, desaprender, desconfianza, desesperación, discusiones, enfermedad, enseñanza, inocencia, intimidad, Karma, ligerezas, locura, más preguntas que respuestas, perdón, promesas, oportunidades, oscuridad, reflexión, remordimientos, responsabilidad, respuestas, salud, silencios, suspenso, verdades, valores y venganza, mucha venganza pensando que ello podría devolverte a tu ser querido. Sabemos que eso, ni nada, lo devuelve.

Fue tan desconcertante en su tiempo que decidí olvidarla, solo la guardé convenientemente como una película extraña que por sus metáforas valía la pena regresar a ella. Regresé, las consecuencias de nuestros actos se tornan Dharmas o Karmas según nuestro actuar, no importa lo que se haga, se dicta en la Ley del talión; a veces sin que se analicen las malas o buenas intenciones, las consecuencias son las mismas; la privación de un ser amado, no por ello dolerá menos si fue sin intención a con, la ausencia es la misma. ¿Qué tan importante es que siempre dirijamos nuestro actuar, si bien sin perder la espontaneidad, pensando en que se tienen consecuencias?, buenas o malas, pero consecuencias, siempre las hay. Somos resultado de esa gota que constantemente dejamos caer; hasta que el vaso se llena y sale el agua acumulada en libertad; agua que pierde su estabilidad y cae. Los esfuerzos se desperdician, dilapidan buenas historias disfrazadas de intenciones alejadas de maldad. Todo, gota dentro del vaso o gota que se desploma, que se desperdicia o no; todo tiene consecuencias. Dharma o Karma. “Para cada acción hay una reacción de fuerza equivalente en la dirección opuesta”. Veintiún días. La rueda de la vida. “Causa”, escribo; “efecto”, ¿ser escritora?…

*The Killin of a Sacred Deer. Directed by Lanthimos. 2017.

2 comentarios sobre “Budismo… Causa-efecto

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