El arte de la reverencia de Japón…

Nada que decir, las palabras no salen. Mucho ir y venir, intentos, reclamaciones, malos entendidos, heridas que no alcanzan a cicatrizar y surge una nueva, la piel ya muy lastimada, hay llagas. No se ven señales de alerta; hay tantas, soy miope. Hay amor, sin duda, pero es suficiente? Qué tanto puede amarse a alguien que no comprende, no lo digo por el otro, lo digo por el uno. Entrar a un laberinto que difícilmente se encuentre salida, cada vez más obstáculos, pero se sabe que si hay amor todo se supera. Eso siempre lo hemos leído, tema recurrente en novelas. Se lucha con el tiempo, a contra reloj, se trata de corregir lo que no gusta, que son muchas cosas, cada vez más, se incrementan, se comienza a dejar de ser para tratar de convertirte en lo que él quiere, y sigues esforzándote, pero siempre cometes errores, muchos errores, pierdes seguridad, nunca había pasado, todo es insuficiente. Cada vez uno está más perdido. Pero lo intenta; sigue siendo uno víctima o egoísta, nada mejora. Todo empeora, todo roza.

Entonces se llega el momento, todo está claro, la línea del tiempo la fija uno, pero cada vez será más complicado, sin salida y sin que haya un “lo conseguimos”, no hay premio de consolación por seguir, el tiempo corre en nuestra contra, nada cambiará, nada mejorará, uno será peor para el otro, para sí mismo, hay peligro de lastimarse más. Siempre habrá dolor, en una despedida, siempre lo hay. Se despeja el final. La cancha está lista para seguir el juego. Doloroso sí, pero las alternativas de antes ya no existen, sabes que es humo, debes soltar. Las reglas cambian y lo que debe ser fácil, amarse, ya no lo es.

No importa lo que admires de él, no importa si es una persona buena, no importa lo que fue, la risa, las charlas, la historia; importa el hoy y la pregunta que nos debemos; la obligada de todos los días… eres feliz?

Si esa pregunta se contesta con el corazón, debe uno dirigir esos pasos, acelerar el fin, ser feliz; el corazón debe estar en ese lugar tranquilo en dónde debe latir, en el santuario en el que debe habitar; los altibajos deben ser excepciones porque siempre los hay, debe haberlos, es parte de la vida, del cambio; pero deténte si es parte de la generalidad; confundir excepción con generalidad es negar la realidad y sobrevivir, no vivir.

Quiero vivir, disfrutar, sonreír, compartir, sentir la libertad de ser yo; en el momento en que comienza uno a dejar de ser espontánea debería de sonar una alerta, una voz fuerte que nos diga, que nos grite: no es ahí, muévete. Estorbas. No ocupes un lugar que no te corresponde. Salte.

Dar las gracias por el tiempo compartido. Nadie lo toma a bien. Las despedidas se oyen a pelea, pero es justo de lo que se quiere huir. Las despedidas deberían ser fiesta, se reconoce que somos los suficientemente maduros para dejar que el otro, el uno, encuentre en su recuperación, aprendizaje; que sirva para que el golpe del dolor se convierta en agradecimiento porque fuiste parte de mi vida, fui parte de la tuya, lo intentamos, nos quisimos, nos respetamos y nos soltamos para seguir creciendo. Qué razón tenía mi padre cuando me veía llorar!, el tema es lo de menos, lágrimas de seguro hubo muchas; me decía, “el crecer duele”. Hoy estoy creciendo. Hoy duele. Coincidir es parte de nuestro crecimiento. La nostalgia del coincidir duele. Ha sido, sin duda, un verdadero honor, crecer contigo. Arigato*

*Gracias en japonés. 最敬礼 saikeirei (reverencia de respeto).

Un comentario sobre “El arte de la reverencia de Japón…

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s