El mejor regalo… Gracias Papá.

Tengo poco tiempo, quisiera hacer tantas cosas, tantos libros por leer; acumulo en mi casa al menos cuarenta libros sin haberlos abierto siquiera; solía cada año en dos épocas ir a “relajarme” buscando sin saber qué libros o autores quisiera conocer; era importante para mí, encontrar al vendedor con el que pudiera platicar horas y horas, entonces cuando encontraba al indicado compraba, compraba mucho, de ahí la acumulación que he guardado cual tesoro.

Hace mucho había una librería muy pequeña en una plaza comercial en el sur de la ciudad de México, Perisur, estaba en la planta de abajo cerca del Palacio de Hierro, tonta de mí, nunca puse atención de su nombre, nunca le pedí los datos al dueño, que era un guardian de la cultura, sin embargo, iba regularmente a platicar con él; la librería era fascinante, sus vendedores no eran cualquier persona, no solo vendían libros, se comían los libros y parte de su misión era platicar sus libros con los clientes que como yo, llegaban sin saber qué leer; tuve muchas recomendaciones tanto del dueño como de sus cultos vendedores; un día, sucedió, antes de irme con mi compra del mes, me presentaron el libro de Marcos Zusak, la ladrona de libros; un verdadero libro.

El libro no es comparable con la película, tocan fibras distintas. Son dirigidos a públicos cautivos diferentes; recuerdo que al vendérmelo, el dueño comentó “te encantará el narrador”; llegué a casa fascinada tratando de averiguar sus últimas palabras, la muerte narraba; la muerte explicaba, la muerte con voz preocupada contaba la vida de Liesel Meninger; la muerte amorosa daba testimonio de la vida de esa hermosa niña. El libro lleva su nombre porque Liesel aun y cuando no sabía leer, lo cual va a ser como insólito, robarte un libro si no lo sabes leer; ella roba su primer libro por el momento que le significa, lo roba sabiendo que no sabe leer, pero que quiere aprender. Roba un libro extraño. El manual del sepulturero. La muerte que narra estaba ahí porque se estaba llevando en brazos a su hermanito menor.

Su padre adoptivo, al que ella ama con locura, con la paciencia que solo tiene un padre, le enseña a leer en contra y contra el tiempo que tienen, incluso contra una madre adoptiva estricta; en las noches niña y padre aprendían juntos a leer. El padre ya sabía. La hija no, quería aprender. El padre le hizo un libro y con ese, Liesel pudo aprender. Se huele ternura en esos capítulos y suspenso por la complicidad de sus desvelos.

Ya embelesada por la lectura, Liesel necesita leer, no tenía dinero, debía robar libros; generalmente de la destrucción o quema de libros que había en el régimen nazi. Impresionante pensar qué muchos tenemos la oportunidad de saber leer, es lo que sigue en nuestra educación, dentro de los grados obtenidos, no lo cuestionamos. Todo lo damos por hecho. Lo tenemos muy claro no hay otra posibilidad, somos almas privilegiadas. La oportunidad del aprendizaje, no tenemos que preocuparnos por trabajar, solo por estudiar. Ese libro consiste en eso, las personas que no tienen la oportunidad como la ladrona de libros de haber aprendido a leer, a pesar de todas las probabilidades en su contra, lo logra, aprende; se vuelve una devoradora de libros, roba libros y entre lectura y lectura, hay amor… amor de su padre a ella, de ella a él. Ese padre que enseña ese amor por la lectura, ese regalo inmaterial de amar los libros.

Libro imperdible. Lo he regalado quince veces, no solamente porque es un libro bueno, si no por que he hecho un experimento, el penúltimo capítulo es algo demencial, catártico, recuerdo la primera vez que lo leí, estaba animada con el libro embelesada con la historia, el papá, la ladrona de libros… de pronto el penúltimo capítulo y me pasaron dos cosas; por un lado, no podía dejar de llorar; por el otro, no podía cerrar el libro, sabía que lo que le debía a Marcus Zusak con esa obra de arte, era continuar y vivir ese hilo de la historia sin ponerle pausas, se necesitaba continuidad y valor. Se abrió una llave, en muy contadas ocasiones la he tenido en la vida, por un libro jamás. Recuerdo que los ojos se me hincharon, apenas entre sollozos podía continuar leyendo, terminé ese capítulo exhausta, avancé al siguiente que era el último y me tranquilicé, seguía leyendo pero sabía que la ladrona de libros estaba bien, sabía que a pesar de todo, la muerte no la agarraba de la mano, la cuidaba, era su sombra. La lectura a través de los ojos de ella y la muerte, la importancia de sostenerse ante la tragedia más vil por la cual mis lágrimas no encontraron retorno, no encontraban su cauce.

He regalado quince veces el libro, es un fenómeno curioso, cuando lo he regalado les pido que me digan cómo sintieron el penúltimo capítulo. Al primero que se lo regalé, el que me generó esta curiosidad o confirmó que realmente yo no era unas hormonas sacudidas por las emociones, fue mi hermano, mi hermano el mayor, es un lector como pocos, se da tiempo para todo, pero la lectura para él es sagrada, es con él con quien comparto la lectura, con el que comparto mis libros, libros van y vienen, libros de mi casa y de su casa; nos gusta platicar de libros y de series, encontrar alguien con quien pueda conversar de libros no es sencillo y es bueno que sea de la familia, lo tengo muy cerca; él fue parte de mi experimento, el primero; le regalé el libro, pensé, es ecuánime, centrado, no sé si sensible; leyó el libro en tres días; dijo que no podía parar de llorar, entendí que yo no era tan dramática y que él no era tan insensible; así que cuando veía que alguien le gustaba la lectura si se iba a acercar un no cumpleaños o una fecha cualquiera, donde yo quisiera hacerme presente, regalaba ese libro, sólo les pedía que me platicarán su experiencia; hay quien me decía que estaba espantado porque no podía parar de llorar, hubo quienes tuvieron que cerrar el libro, no se podían tranquilizar, todas experiencias conducían irremediablemente al llanto; libro qué aplasta almas insensibles, que te hace recordar ese amor, ese amor por alguien, ese amor filial, que se tiene y que no necesariamente tiene que haber un lazo de sangre, que no necesariamente tiene que ser un padre, puede ser a cualquiera en el orden del mundo, pero que ese cualquiera para ti sea una persona (tu) importante, (tu) todo.

El libro trata de lectura y el amor por la lectura, de dar gracias por lo que tuvimos, de oportunidades; que el narrador, la muerte a quien respeto y no puedo pasar de largo, con entonación pálida, refiere al amor, de ese amor que se le entrega a una persona, que anhela uno caminar juntos; no solamente es el amor de él hacia ella, de ella hacia él, con ojos de agradecimiento; que la vida es corta muy corta; la muerte no deja que lo olvidemos en el libro, si bien lo sabemos, el libro nos deja claro el cómo era ese amor en vida, y cómo el amor vuelca después de la muerte y entonces, qué queda?.

Sin duda de los mejores libros que leído, me lleva irremediablemente a mi padre y a mi madre; a mi padre quien me enseñó el amor por los libros, a cómo, al subrayarlos y glosarlos, los hacía míos. Recuerdo que trabajaba mucho, expedientes estaban en casa, hoy entiendo que era para estar con nosotros más tiempo; posiblemente no jugaba con nosotros todo el tiempo pero él necesitaba estar presente, que nosotros supiéramos que estaba ahí para no perderse nada; recuerdo algo que uní con ese libro, cuando estaba en ese penúltimo capítulo, se abrió una llave, una laguna, un mar, iba y venía el tono del llanto, cuál olas; recordé que tenía pocos años y mi padre se había llevado expedientes para estudiar, era noche, de puntitas bajé las escaleras, él estaba en el comedor trabajando, entrar a la cocina cerrada, con cuidado, no distraerlo, solo observarlo, ese era el objetivo; había una ventana alta en la puerta, yo era una enana traviesa, solo quería verlo, espiarlo, puse una silla y lo vi leer, trabajar; sabía que ese hombre yo lo admiraba; sabía que esta mujer quería ser como ese hombre, mi padre. Hoy amo las letras por ese hombre. Hoy la narradora de siempre, la muerte, se lo llevó, a cambio me dejó mi amor por los libros y esta pasión por escribir. Gracias papá.

*La ladrona de libros/ Marcus Zusak

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s