Shhh!!!

El silencio tiene tantos significados. Precede a… o sucede de… “Abstención de hablar”, “falta de ruido”, refiere la Real Academia Española. No acostumbro cuestionar lo que ha decretado esa tan honorable Institución de la lengua española, que suele ajustarlas a las necesidades de la realidad, a la evolución. La palabra “silencio” en un mundo donde reina el ruido no debería ser parte de la normalidad del ser humano que per se somos estrepitosos. ¿Cómo definir algo que no existe?… Alboroto todo el día en todos lados, con todas las personas, en todos los temas, aspectos, momentos; en casa, en el trabajo, en la calle, celulares, voces… muchas voces… “Silencio” en una época en que hay redes sociales que impiden acallar al mundo, siempre hay algo que decir, siempre quien decida comenzar y quien asuma seguirlo. “Silencio” en una mente en que constantemente se piensa. Concepto “silencio” irreconciliable para esta realidad, pero con definción. El “silencio” tiene intención. El limbo del ruido solo existe en caso de que intencionalmente haya una pausa, un desconecte. Cuesta llegar a él, el nirvana. 

La meditación, se dice, pretende que, con ruido, música; sola, dirigida, acompañada; se logre llegar al lugar donde nuestra mente requiere estar, para su sanación. Vender un espacio de mutismo para detener todo y tocar base, cual antaño en la infancia se jugaba, sería la invención del Siglo. De la Era. Vender silencio y guardarlo en una fragancia, en una caja, en una botella, en tu casa; como coctel químico de olor a coche nuevo o de lignina, cual libro viejo.

El silencio tiene brechas, caminos, personas, situaciones; es una palabra en donde caben todas las preposiciones: a, ante, cabe, con, contra, de, desde, en, entre, has, hacia, para por, según, sin, so, sobre, tras; todas acompañadas, no solas. Un sustantivo que necesita verbo y complemento, en la realidad. El verbo de (in)acción y el complemento de un “nosotros”.

El “silencio” acompaña a alguien o algo. El “silencio” no es una palabra carente de significado como la ausencia de algo, es más una acción que una inacción; a veces encierra mucho significado que se asemeja a ruido con el asegún que, carente de garantía de audiencia, de posible queja o defensa, no se pueda interrumpir. No hay con quien. El otro, está ausente o decide no romper el sonido del aire. 

“Silencio”, palabra que tiene más intención que olvido. En el derecho penal, por ejemplo, se diría que es un delito doloso y no culposo. El “silencio” se analiza inconscientemente, si se quiere. Y se regala a alguien. A alguien que se le quiere hacer daño, aunque lo quieras, es un regalo mal pensado. El “silencio” es una plaga que cubre los sentidos y te aniquila, dejas que conquiste la situación; usurpación que hasta que ya con mucho camino recorrido se olvida, no se detiene y se pierde; tanto el “silencio” como a la persona. 

Se deja de hablar con la gente. El “silencio” es en relación con ellos, pero el ruido sigue. El silencio guarda relación con el otro. ¿Será que el “silencio” no lo es tal, sino el castigo a uno, al otro, a los involucrados? O a lo peor, ¿será que el silencio es el resultado de la indiferencia?, porque es un “silencio” que cuando lo recuerdas, si es que te sorprende en mente, ya no hay retorno, efectivamente es la ausencia, la abstención, la falta del ruido. Entonces, ¡sí!, el “silencio” ha triunfado, ha cumplido su misión. El concepto de nuestra lengua española que ponía en tela de juicio, también.

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